Cada vez me impresiona Jesús, en su manera de pensar, sobre todo su forma  de amar, y no se queda con ello, va más allá, va al punto de perdonar y acercarse a los que son rechazados, en su época, el leproso, el pecador, la prostituta, y su máxima expresión es quedarse a su lado y darles su mano, eso me impresiona y me deja pensando hondo, deseando ser como Él.

 

Sin duda Jesús nos conoce de pies a cabeza, sobre todo en nuestros momentos de alegría y de tristeza, en nuestros triunfos y fracasos, no es de aquellos que dice ‘estaré contigo hasta el final’ pero al momento de ver una tormenta no se aparecen por ningún lado. Jesús se queda en nuestros fracasos, en las derrotas, se queda hasta el final. 

 

A pesar de ser cómo somos, Jesús se queda, no es aquel que juzga y nos critica por ser de tal manera o pensar diferente, sigue aquí en medio de nosotros, siempre buscando la oportunidad de ayudarnos, desde su paciencia y amor, permanece, siempre está y estará.

 

Ten presente que Jesús siempre está, a pesar de las circunstancias, no se qué momento estés pasando, pero no te preocupes, Él está en ese preciso instante, lo único que debes hacer, es dejarte amar y ayudar, lánzate al fondo del abismo de su misericordia, siempre hay una salida, porque Jesús se queda con los que ama, tu yo yo somos uno de ellos. 

 

Si estamos en un momento estable y nos sentimos fuertes, tomemos las acciones de Jesús, de acercarnos, de levantar al caído, no nos quedemos con aquellos discursos que hasta suenan bonito, quedémonos con acción e amar y abrazar, de acercarnos en nuestra época a los intocables, aquellos marginados. Seamos otros Jesús aquí en la tierra.