iglesia

¡Rendirnos!

En la lógica humana o en el mundo material rendirse significa someterse al dominio o la voluntad de alguien o algo, representa perder, caer derrotado ante alguien o algo más fuerte. Espiritualmente, rendirse es ser conscientes de  entregarle voluntariamente a Dios el control total de nuestra vida, para que él arranque lo que nos impide ser libres y proteja lo que nos ha entregado.

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Oxígeno de Dios

Así como nuestra naturaleza humana cada día necesita activar los pulmones y respirar para extraer el oxígeno del aire y sacar el dióxido de carbono, así nuestra alma cansada y hambrienta necesita del oxígeno de Dios, de su gracia  vivificadora que penetra el alma, ordena, limpia, sana y libera por su amor.

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¿No será hora de transformar este presente? ¿no será posible abogar por una identidad propia?

Con el paso del tiempo me he decepcionado un poco de los cristianos (católicos, evangélicos, protestantes, anglicanos…). Debo aclarar que soy cristiano y llego, también, a decepcionarme de mí mismo. Vivimos en un mundo tan (1) individualista, (2) narcisista, (3) egoísta y (4) hedonista, pero el problema es que los cristianos nos hemos dejado llevar por esas corrientes.

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Agradecidos

Esa actitud sensible y noble nos lleva a dar gracias por lo que Dios hace cada día, a  expresar con nuestros labios una alabanza, llena del gozo del amor de Dios hasta por nuestros bienhechores, como los llama San Juan Eudes, aquellos que nos contradicen, persiguen, calumnian, que cumplen con su misión de limar nuestro carácter y acercarnos a Jesús, a una vida nueva.

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Bienaventurados. Un mensaje exigente

Para los criterios del mundo, las Bienaventuranzas parecerían una lista de frustraciones, un catálogo de fracasos: ser pobre, llorar, padecer hambre, soportar pacientemente las dificultades y persecuciones… no son situaciones halagüeñas para nadie. Ser misericordioso, limpio de corazón y servidor de la paz son actitudes que implican dificultades, lucha y superación.

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Cómo dar testimonio

1. El testimonio debe prepararse El testigo debe orar para saber lo que Dios quiere que comunique y lo que quiere causar con el testimonio en los oyentes. Se debe orar por éstos en general y por la persona a la que se desea hablarle de Jesús en particular, para que sus corazones se abran a la gracia, para que capten el mensaje que se quiere comunicar, para que creen vínculos de amistad con el testigo, para que el testimonio sea para ellos ocasión de un encuentro con Jesús, para que el Padre los atraiga hacia Jesús (Jn. 6, 37.44).

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