iglesia

¡Sí que tenemos un Padre fiel!

Los hombres y mujeres tarde o temprano caemos en el engaño de adaptarnos a un mundo consumista que solo utiliza las cosas o las personas mientras le brindan un beneficio y cuando ya no representan utilidad las desechan y/o  abandonan, porque no se adquiere una obligación, no hay que creer, no hay porque sentir, sufrir, o seguir fiel a nada ni a nadie.

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¡Rendirnos!

En la lógica humana o en el mundo material rendirse significa someterse al dominio o la voluntad de alguien o algo, representa perder, caer derrotado ante alguien o algo más fuerte. Espiritualmente, rendirse es ser conscientes de  entregarle voluntariamente a Dios el control total de nuestra vida, para que él arranque lo que nos impide ser libres y proteja lo que nos ha entregado.

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Oxígeno de Dios

Así como nuestra naturaleza humana cada día necesita activar los pulmones y respirar para extraer el oxígeno del aire y sacar el dióxido de carbono, así nuestra alma cansada y hambrienta necesita del oxígeno de Dios, de su gracia  vivificadora que penetra el alma, ordena, limpia, sana y libera por su amor.

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Agradecidos

Esa actitud sensible y noble nos lleva a dar gracias por lo que Dios hace cada día, a  expresar con nuestros labios una alabanza, llena del gozo del amor de Dios hasta por nuestros bienhechores, como los llama San Juan Eudes, aquellos que nos contradicen, persiguen, calumnian, que cumplen con su misión de limar nuestro carácter y acercarnos a Jesús, a una vida nueva.

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Navidad: nacimiento espiritual de Jesús en nuestra vida 

Cada nuevo año litúrgico, contamos con un tiempo especial en el que revivimos la ternura y amor infinito de nuestro Padre, al enviar a JESÚS para enseñarnos con su palabra y ejemplo a vencer el desorden que trae el pecado, redimiendonos con el poder del verdadero amor e invitándonos a seguirle y obtener la gracia de la justificación.

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