No es ningún misterio que en nuestra familia se presenta la envidia, ya sea entre esposos o hijos, primos etc, es un tema que muchas veces afecta la tranquilidad de la personas y a la vez hace perder la paz en los demás, lo cual lleva a que se presenten diferentes problemas.

La envidia además de ser un problema social, ha llegado a irrumpir la tranquilidad de la familia, en la cual solo debería haber amor, en la que nos apoyemos y podamos crecer en conjunto, pero si un hermano tiene una habilidad y empieza a surgir, el otro, empieza a criticar, a guardar rencor e incluso se empieza atacar o a colocar el pie para que tropiece el otro.

La envidia nos lleva a perder el sentido de comunidad, el sentido de compartir y el estar con los demás, está – la envida- nos lleva a estar encasillados en el yo, en mi propio beneficio y nos deja de importar el otro, la envidia nos lleva hacer extinguir el amor profundo que se ha cultivado.

No dejemos que nuestra vida se desgaste deseando lo que los demás tienen dentro o fuera de nuestro núcleo familiar, no perdamos la cabeza, planeando o arraigándonos a cosas materiales o habilidades de los demás, esto lo único que ocasiona es tristeza y rencor si no logramos conseguirlo.

Si deseamos algo, lo único que debemos hacer, es trabajar y esforzarnos por ello, pero que no sea un deseo con codicia, que sea algo que necesitemos y a la vez que sea para un propósito que ayude a los demás. Sería ideal que lo que más deseemos sea el bien para el otro, que deseemos que en cada una de nuestras familias se cultive la paz, confianza, amor. Permitámonos ser aquellas personas que de desprenden de lo que no es necesario y nos sumergimos a vivir y a compartir con los que amamos, nuestras familias.