Jesús

Cómo vivir el viernes santo

Fundamentalmente pienso en tres dimensiones, la primera, pienso en la dimensión teológica del viernes santo. En el viernes santo celebramos la muerte de Jesús de Nazaret, celebramos como el hombre se volvió deicida, es decir como el hombre mató a su Dios, y cómo esa muerte que es entrega voluntaria de Jesús también, se hace motivo de salvación para cada uno de nosotros, teológicamente eso es lo celebramos.

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Perseverancia: Sé fuerte en Jesús, no te dejes caer

Ser fuerte a veces resulta un poco difícil, puesto que los diferentes problemas o dificultades que se presentan en nuestra vida no son tan sencillos como parecen, las fuerzas se nos escapan, como aquellas motivaciones para seguir en nuestro día a día. Pero lo bueno y lindo de la vida es que contamos con Jesús, puesto que si luchamos y trabajamos en equipo con él, nuestras fuerzas aumentan.

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De la angustia a la esperanza

¿Te sientes angustiado o angustiada? ¿la preocupación, la ansiedad aumentan en ti con el pasar de los días? ¿Estás en una profunda depresión?, ¿No sabes qué hacer con tu vida?, ¿despertar por la mañana es pensar en tormentos, incertidumbres o penas? Si hay un sí como respuesta a estas cuestiones. Te propongo que abras tu corazón a lo que sigue, estoy seguro que cambiará toda tu vida.

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La Cuaresma que Jesús quería

Esta historia, narrada por Daniel Goleman, sobre la importancia de la inteligencia emocional le llevaba a concluir: Este es el problema de nuestras vidas, que no aprovechamos todas las oportunidades para ayudar, porque nuestro foco apunta a la dirección equivocada. Es el gran dilema de nuestra vida espiritual y de nuestra vida cristiana: reducir nuestra religión a manifestaciones externas que no impactan nuestra espiritualidad profunda.

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Los ojos de Jesús

Uno sabe qué es eso y nada más: entrega, donación de sí mismos, en tal manera que, se siente el deseo de gritarles, desde el fondo y con todo el ser y la verdad de uno: Maestro Señor, Padre y Dios mío…y de entregarse, también, arrebatado por el imán irresistible, pero suave, de su infinito amor que no tiene calibres ni parrangones con nada ni con nadie.

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