En primer lugar, quiero aclarar que disculpar no significa aguantar ‘maltratos y humillaciones’ físicas o psicológicas. Disculpar todo en la familia va en que no guardes rencor, envidia, celos o que si tal persona no te hizo un favor te vas a vengar. Ante ello debemos reflexionar y disculpar aquellas acciones que pueden dañar nuestra relación en el hogar. 

 

Tener un acto de humildad en cuestión de guardar silencio y disculpar al otro es un paso gigante, puesto que muchas veces nos dedicamos a guardar rencor y pensar en vengarnos con aquel que puede ser nuestro padre, hermano, primo tío, por cosas tan simples que no deben tener relevancia, eso y otras cosas más que pueden pasarnos, debemos disculparlas.

 

 

En casa siempre sería bueno que resaltemos lo bueno, pero es triste que cada uno de nosotros en muchas ocasiones nos quedamos con las cosas no tan buenas de los demás, nos quedamos con aquel gesto malo. Ante esto empiezan los rumores o chismes, en el cual se empieza a difamar a la persona, olvidándonos que son aquellas personas cercanas y que amamos. No terminemos destruyendo una buena relación, por ello, disculpa todo antes de actuar equivocadamente o por los impulsos. 

 

 

 

 

Qué vale más, una venganza por algo simple y perder a los nuestros, o quedarnos en silencio, apartarnos, calmarnos y olvidar, puede que no suene sencillo, pero de seguro vale la pena, puesto que podemos disfrutar a los de nuestra casa, vivir experiencias, compartir, reír, llorar, apoyarse unos a otros. 

 

Todo esto se puede lograr si nos fijamos en el amor, en saber disculpar y olvidar. Necesitamos familias unidas y llenas del amor de Jesús, familias que sean capaces de superar cualquier dificultad. Amémonos unos a otros y disfrutemos del don de la familia que Dios nos ha concedido.