La vida en tiempos de tranquilidad o en tiempos difíciles exige que nuestra relación con el Padre, que los encuentros con Dios sean más íntimos, para recibir respuestas asombrosas, como sucedió hace mucho tiempo en Nazareth de Galilea, con una jovencita de oración llamada María (Lc. 1, 26-38).

Pero…¿Cómo tener una relación más íntima con Dios?

Vivir en intimidad con Dios al principio no resulta fácil, pero tampoco es imposible, así nos lo enseña María:

Nuestra Madre nos muestra un modelo de como buscar a Dios por lo que él es, a tener una oración íntima con el Señor, fruto de una relación de confianza, de un corazón que guarda silencio y escucha atentamente la voluntad de Dios y se pone en camino para obedecerla, aunque humanamente no se entienda.

Buscar en primera instancia a Dios. María nos muestra que su corazón contempla, se asombra con la presencia y el mensaje de Dios, pero no olvida que él es nuestro Señor en todo, que él es nuestro Padre creador y que nada está fuera de su dominio, ni la vida, ni la enfermedad, la infidelidad, la depresión, las finanzas, la muerte, todo le pertenece, está en él, obtiene un sentido en él y todo estará bien si se hace en nosotros su voluntad.

Cuando vivimos en intimidad con Dios, nuestra confianza es recompensada, como el hijo que se lanza por un tobogán esperando confiado en que su padre o su madre lo recibirán, así Dios nos recibe tal y como somos.

Luego, disponer del silencio físico y callar las inquietudes, los bueyes del alma, rechazar los rumores, las calumnias, las sospechas, que solo nos distraen y/o perturban para no agradecer y escuchar la voz y el propósito que Dios tiene en cada experiencia en nuestra vida. (Rm 8, 28.)

Finalmente, todo encuentro cercano, auténtico e intimo con el Señor nos conduce a obedecer y a obrar según la voluntad de Dios, después de escucharla de corazón a corazón o en su palabra, nos llena de su gracia, de su fuerza, de su gozo, esperanza y demás dones que nos transforman y capacitan para ir a servir a nuestros hermanos más necesitados, aquellos apartados por las convenciones sociales y que se encuentran más cerca de lo que pensamos, en la familia, en la comunidad, en el trabajo, en el colegio o universidad, según la misión de cada uno.