Santo Rosario Misterios Gozosos Lunes – Sábados

Yo no sé si vosotros habéis experimentado alguna vez el gozo de rezar el santo rosario. Quién sabe qué monje antiguo, o si fue Santo Domingo, el que inventó este divino preludio, lleno de ritmo, de fuerza y de dulzura, que es ir recorriendo la camándula mientras se desgranan avemarías y padrenuestros, unidos con gloria patris.

La realidad es que, cuando estamos tristes, nos consolamos al terminar el rosario; que, cuando estamos débiles, somos fuertes al concluirlo, y, cuando no hallamos solución a los íntimos problemas, las últimas avemarías del rosario nos trazan una línea de luz en que apunta la aurora. Siempre encontramos en esta plegaria un refugio tranquilo donde reposar, donde calmar nuestras angustias para regresar con nueva fe a nuestros deberes. El santo rosario es una oración profundamente humana y al mismo tiempo divina. Humana porque se basa en una ley del amor, que es la repetición: el amor repite y no se cansa de volver a la palabra “Te amo”.

Así es el Rosario: repite las avemarías y los padrenuestros como si fueran expresiones de ternura a Jesucristo y a María; y es una plegaria sagrada porque está sacada del evangelio: en el evangelio se halla gran parte del Avemaría y todo el Padrenuestro. La doxología del Gloria al Padre arranca desde el siglo segundo de la Iglesia. Cuando la repetición creadora está llena de sentido, es buena y es nueva; solo cuando está vacía es estéril. Los latidos del corazón también son repeticiones y, sin embargo, de ellos depende nuestra existencia material.