Lectio de Lucas 8,1-3.

Mientras Jesús va llevando a cabo su misión, el narrador evangelista Lucas familiariza al lector con puntos esenciales y distintivos de su manera de llevarla a cabo: su itinerancia, los lugares que recorre, las personas que lo rodean y el mensaje que transmite.

El texto se focaliza en aquellos que comparten el itinerario misionero de Jesús: junto a los Doce, cuya presencia prepara la misión que ellos llevarán a cabo dentro de poco, van también un grupo mujeres.

Y es notable, Lucas no dice “algunas”, sino “otras muchas” mujeres (en griego: éterai pollai).

No había ocurrido antes que un rabbí admitiera en su grupo la presencia femenina. Esto será un rasgo que luego permanecerá en las comunidades de Jesús.

Estas mujeres son llamadas por su nombre propio y por su contribución. Esto último es importante, no son simples acompañantes, ellas han sido beneficiadas por Jesús, por su intervención sanadora, y luego ellas por su parte también se han convertido en benefactoras de la misión.

Ellas “le servían (a Jesús) con sus bienes”. Se usa el verbo griego “diakonéō”.

No es asistencialismo, es algo más de fondo.

Esta ayuda de las mujeres no es algo tangencial ni ocasional, no las pone en un papel secundario, sino todo lo contrario.

La presencia de las mujeres descrita de esta manera era memoria de un estilo de vida, de un compartir que identificará a la comunidad cristiana. Su modo de actuar muestra la manera de entender la vida.

Es el punto clave de lo que se describirá en el retrato de la primitiva comunidad de Jerusalén en los Hechos de los Apóstoles, donde la novedad del Reino se traduce en un nuevo estilo de vida en común (ver Hechos 2,42-47; 4,32-35; 5,12-16)

Esto es destacado: su presencia no está preocupada por acumular para sí, sino por el cuidado recíproco. Y esto es lo que es Jesús, esto es lo genuino del evangelio del Reino.

Podemos notar que:

  • El estilo femenino restituye algo fundamental a la vida cristiana: las cosas que comparten son el signo concreto de una vida que no retiene nada para sí y de un camino que se recorre juntos.
  • El estilo femenino nos da un rasgo del anuncio del evangelio. Las mujeres recuerdan que no hay auténtico anuncio del evangelio si no va acompañado de un amor traducido en disposición para caminar prodigando atención y cuidado a todos.

Y si les seguimos el paso notaremos que estas mismas mujeres serán retratadas de nuevo al pie de la cruz y junto al sepulcro, como imagen de perseverancia en el seguimiento y el servicio. Querrán ocuparse del cuerpo exánime del Maestro amado.

Tres días después, ellas serán las primeras en sentir el perfume de la resurrección y se convertirán en las primeras mensajeras de la nueva vida del Maestro.

Pues sí…

Las mujeres nos recuerdan que no basta con estar ahí en el grupo de los seguidores de Jesús, si no se está dispuesto a permanecer con él en el momento en el que su propuesta no coincida con nuestras expectativas.

Serán por tanto el modelo de quien se deja convertir por el Maestro.

Esa es la razón de su perseverancia a toda prueba.