La resurrección de Marta – Lectio Divina-

Miércoles – Semana 17 del Tiempo Ordinario.

La resurrección de Marta

San Juan 11, 19-27

“Sí, Señor, yo creo que tú res el Cristo, el Hijo de Dios”.

En este relato es Jesús mismo quien se manifiesta claramente diciendo: “Yo soy la resurrección y la vida” (11,25). Estos dos términos, desde la perspectiva del evangelio constituyen una misma realidad.

Marta es quien provoca esta declaración de Jesús y también la primera en admitirla con fe: “Si, Señor, yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que iba a venir al mundo” (11,27). Su confesión de fe está completamente acorde con el propósito de evangelio de Juan (ver 20,31).

Su confesión es la proclamación de que en Jesús está la vida, una vida que está a punto de manifestarse en la resurrección de su hermano Lázaro, pero sobre todo una vida que se le comunica en la intensa amistad (ver 12,2).

Marta entra en escena como una discípula que, movida por la fe, está convencida de que su plegaria será escuchada por Jesús: “Yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá” (11,22).

La resurrección y la vida expresan el sentido último de la misión de Jesús: comunicar plenamente a los hombres la vida.

La comunión con Jesús garantiza esta vida aquí y más allá de la muerte. Marta no necesitará que Jesús vuelva a su casa el día de su muerte a resucitarla también a ella, porque ella precisamente ha comprendido que desde este momento por su fe en Jesús ya comenzó la resurrección: “Todo el que vive y cree en mí no morirá jamás” (11,26).

Vale la pena que reconstruyamos ahora por nuestra cuenta el camino de la fe que realiza Marta en el pasaje que leemos hoy y dejemos que impregne también el nuestro.

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Quién era Marta? ¿Qué papel juega en el evangelio?

2. ¿Cómo ve Marta a Jesús? ¿Qué pasos da en su itinerario de fe?

3. ¿Qué le revela Jesús a Marta? ¿Qué relación hay entre la vida de fe y la vida resucitada?

“He visto esto claro por mí, y no veo, Criador mío, por qué todo el mundo no se procure llegar a Vos por esta particular amistad”

(Santa Teresa de Jesús)

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