Me atrevo a decir que en algún momento nos hemos tropezado con algunos problemas y algunas discusiones, con otras personas, algunas más fuertes que otras. Son luchas difíciles que agotan y dejan sin fuerzas, pero se debe superar, no con peleas o venganzas, sino se trata de buscar la mejor solución posible.

Hay una batalla consigo mismo, una batalla con aquello de lo que ahora dependemos,que hemos dejado entrar por curiosidad, o por tan solo probar de qué se trata. Si es una droga, poco a poco va acabando con todo nuestro ser, va apagando las fuerzas y ganas de vivir, y así cualquier otras cosas de las cuales nos hemos dependientes.

Estar en esta situación es una batalla muy grande, puesto que luchar contra nosotros mismos, nuestras dependencias, a lo que le hemos dado el control, es una lucha de la cual se necesita tener, voluntad y ganas para poder superarnos y salir a un mundo nuevo.

Para enfrentarse a una batalla se necesita ser inteligentes y sobre todo, pedirle a Jesús que nos ayude con sus fuerzas para superarnos a sí mismos. Él está dispuesto a acompañarnos y en cada paso que damos, sobre todo quiere que seamos personas que caminen llenos de alegría, y sobre todo que podamos rescatar a otras de sus propias batallas.