Jueves – Semana 17 del Tiempo Ordinario.

El Reino como el valor mayor de la vida del discípulo

San Mateo 13, 44-46

“Por alegría que le da, va, vende todo lo que tiene y compra…”

La parábola del tesoro escondido y de la perla preciosa, pueden situarse muy bien en el contexto de la invitación de Jesús a dejarlo todo y seguirle. Es una propuesta bastante fuerte dentro de la opción cristiana, pero vale la pena, pues, de fondo, el dejarlo todo es adquirir un estado de libertad necesario para el discípulo que desea trabajar en el seguimiento constante de Jesús.

También es una invitación para que quien ha optado por Jesús, sea consecuente con la elección realizada, y viva su desprendimiento con alegría, ya que el tomar el camino del Señor trae consigo la adquisición de una gran riqueza que no es negociable y que tampoco se desvaloriza.

Al tener al Señor como perla y único tesoro, contamos con la certeza de que no hay otro sistema de adquisición más ventajoso y rentable que la libertad de Dios en la concreción de la vida del hombre.

Con el Reino de los cielos sucede lo mismo que en la parábola: una vez que ha sido descubierto en todo su valor, hay que hacerlo propio, y ningún precio es demasiado alto para pensar en su adquisición.

Pidámosle al Señor que podamos seguirlo viendo a Él como el más preciado tesoro de nuestras vidas, y que al pensar en esta riqueza que poseemos, no por compra sino como don, ella nos remita a una acción de gracias constante por el don maravilloso de tener alto valor para beneficio de nuestro corazón.

Acompáñanos, Jesús, en el seguimiento reflexivo y meditativo de tu Palabra, don que nos ofreces para nuestro crecimiento, don que nunca terminaremos de apreciar con todo el valor que posee. Que nuestro caminar hacia Ti se consolide gracias a las enseñanzas que nos has dado a lo largo de este mes de Julio, y que esta forma misteriosa que tienes de llegar a nuestras vidas nos transforme interiormente y florezca en alegría. Amén.

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Cuál es la enseñanza de las parábolas del tesoro y de la perla?

2. ¿Es verdaderamente Jesús el mayor valor de mi vida? ¿Qué le compite?

3. ¿Qué me pide el Señor que deje para que mi vida se sumerja completamente en la maravillosa experiencia del Reino?

«Enséñanos, buen Señor, a servirte como mereces: a dar sin contar el costo, a luchar sin contar las heridas, a trabajar y a no buscar descanso, a laborar sin pedir recompensa excepto saber que hacemos tu voluntad»

(San Ignacio de Loyola).