Jesús deja ver características que le son muy propias.

Ante todo su libertad de corazón. Libertad frente a las amenazas e intimidaciones, libertad también frente al éxito o al fracaso, nada de eso lo condiciona.

Es una libertad que está profundamente ligada a la fidelidad al Padre y al proyecto de salvación que le envió a realizar.

Jesús sabe bien que los gestos que hace y las palabras que pronuncia traducen el proyecto del Padre sólo si nacen y producen libertad con respecto a la lógica del mundo.

Es con esta libertad de corazón y con esa clara fidelidad al proyecto del Padre que Jesús denuncia proféticamente al rey “zorro” que devasta la viña preciada de Israel.

Jesús exhibe públicamente al rey como un corrupto, como un depredador, que por trabajar para sus intereses hace daño al país.

Y sabiendo del peligro que corre, Jesús no huye de Herodes, no detiene su misión ni hoy ni mañana y prosigue su camino pagando el precio con su vida.

Jesús es un profeta valiente que sigue adelante a pesar de los obstáculos, con una obstinación que parte de una pasión del corazón: su amor total por Israel que es como el de una madre que no abandona a sus polluelos indefensos y necesitados.

Como la madre que tiene un alto sentido de protección, cuyos brazos son como alas que dan sombra, calor, abrigo, defensa.

Si antes, para describir la característica del poder usó la imagen del zorro, que se vale de su astucia sólo para su propio beneficio y depreda la viña; ahora, para expresar esa actitud de amor, de responsabilidad y de cuidado, Jesús utiliza la imagen de la gallina que junta a los polluelos a su alrededor y bajo sus alas.

¿Qué imagen podría expresar mejor la libertad ante cualquier poder y la fidelidad al Padre?

Porque hay una tarea mucho más importante que cumplir, la de cuidar a los que nos han sido encomendados. Y esto no se logra sin valentía.