En nuestra realidad social, vemos o vivimos momentos fuertes en nuestras familias, y una de esas circunstancias es cuando hay división, diferencias, odios, rencores, que nos llevan a estar apartados y poco a poco se va extinguiendo el amor. 

 

En situaciones difíciles por las que se atraviesa, es donde se debe estar unidos, apoyando a cada uno de los que están en casa, animando a papá o mamá, para que sigan adelante con sus proyectos, trabajos, o extender la mano para que el otro pueda levantarse. Pero será que si hacemos esto, o nos aprovechamos del momento para hundir a la personas que amamos. 

 

Necesitamos vivir en un hogar, necesitamos de abrazos y caricias, que vuelen ´te amos´ por toda la casa. Que al momento de cruzar la puerta, podamos experimentar paz, a pesar de haber tenido un día pesado ya sea en el trabajo, escuela, u otras cosas, permitámonos vivir en alegría en medio de lo que somos y de lo que tenemos. 

 

Dejemos de fomentar la división en nuestras casas, vivamos a la manera de la familia de Nazaret, desde su humildad, sencillez, pero sobre todo unidos y llenos del amor de Dios, compartamos cada momento, cada instante, desde un café, hasta una salida al parque o a la esquina del barrio, para ser una familia unida, solo basta tener amor y ganas de vivir, disfrutando a los que amamos.