Siempre me ha encantado cuando en la Palabra de Dios se hace referencia a la luz, esta se compara con la llegada de Cristo al mundo como el cordero cuyo sacrificio terminaría de consolidar la alianza entre Dios y la humanidad. ¿Esto qué significa? Los cielos y la tierra se unen como uno solo y se convierten en ciudad de Dios para disipar toda oscuridad materializada en el pecado, es decir, todo lo que nos aleja de Él.

Aun cuando el sacrificio de Cristo nos libró del pecado, la libertad que Dios le otorgó a la humanidad ha hecho que nuevamente nos apartemos de una vida acorde al Evangelio de Jesús. Esto nos hace vivir en pecado, es decir en oscuridad, por lo que nuestras ansias de querer volver a entrar en su amistad con Dios, nos hace perseguir la luz, pues esta nos ilumina, brilla en su plenitud y nos deleita.

Sin embargo debemos estar atentos, pues esta puede ser desconcertante. Imagina en lo mal que nos vemos cuando un foco de luz directa nos alumbra, no suele ser una bonita experiencia pues ese resplandor excesivo revela cada defecto, imperfección y detalle del rostro. Pasa lo mismo cuando de repente una luz irrumpe en la oscuridad del rincón de un cuarto oscuro o un callejón, se muestran todo tipo de bichos y criaturas que allí moran en la penumbra, todas esas cosas desagradables le huyen a la luz y buscan esconderse.

Así pasa en nuestras vidas al pecar, le huimos a la luz. Cuando hacemos a Jesús parte de nuestra vida, estamos dejando a la luz que ingrese a nuestra existencia. Jesús se encargará de iluminar cada rincón de la vida, cada cuarto de esta casa que somos nosotros y las cosas que creemos que están bien porque las esconde la oscuridad, saldrán a relucir pero para ser cambiadas definitivamente. Que hoy y siempre permitas la luz de Dios en tu vida y la puedas brindar a los demás. ¡Solo Dios Basta!

José Andrés Hurtado
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 Solo Dios Basta
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