“Ser un Hombre nuevo a la manera de Cristo: Esta es la consecuencia apenas lógica que se debe evidenciar en la vida de aquellos que han tenido un verdadero encuentro con el Señor”. Este es el mensaje, basado en lo dicho por san Pablo en el capítulo 4 de su carta a Los efesios.

Es clara la propuesta: Una persona que dice haberse encontrado con Cristo, debe preocuparse porque esa experiencia intima necesariamente se evidencie cada uno de los ámbitos de su vida, es decir, debe preocuparse porque haya una renovación en el Señor de sus pensamientos, palabras, y acciones, utilizando la expresión paulina, “debe dejar morir al hombre viejo y debe revestirse del hombre nuevo”.

Este deber del cristiano se hace urgente hoy más que nunca, al estar inmersos en medio de una sociedad que pareciese que se muestra adversa a la propuesta Evangélica, una sociedad que pretende darle la espalda al Señor. Es precisamente esta la sociedad en la que el cristiano está llamado a cumplir esa propuesta de Cristo: “estar en el mundo, mas no se ser del mundo”.

Sin lugar a dudas, no es una tarea sencilla procurar vivir a la manera de Cristo, pero el cristiano debe tener en cuenta que no se encuentra solo en el cumplimiento de este propósito, porque cuenta con el auxilio y la gracia que proviene de Cristo mismo quien cumple en todo momento su promesa de estar con nosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt. 28, 20). Por eso no hay que temer, no hay que pensar que ser un hombre renovado no es posible, porque no poseemos solo nuestras fuerzas sino que también posemos las fuerzas que nos vienen de lo alto.

Te invito a que en este momento te preguntes, ¿Estoy dando muestras de ser un hombre nuevo? ¿Mi vida es muestra de la condición nueva que he adquirido en el bautismo y en el encuentro personal con Cristo? Si tu respuesta fue un “sí”, pídele al Señor que te siga asistiendo en este propósito con su gracia y auxilio. Pero si la respuesta fue un “no” , debes saber que cada día el Señor te brinda una nueva oportunidad para que te decidas de una vez por todas a vivir “a la manera de Cristo” y puedas así descubrir la plena alegría que experimentan aquellos que han permitido que el Señor toque y transforme sus vidas. ¡Ánimo! ¡Realmente vale la pena!