Miércoles – Semana 14 del Tiempo Ordinario.

Una reveladora oración de Jesús

San Mateo 11, 25-27

“Has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes y se las has revelado a pequeños”.

La primera palabra del evangelio de hoy es una oración de alabanza que lleva el sello de la experiencia particular de Jesús. Esta oración va dirigida al “Padre”, quien es “Señor del cielo y de la tierra” (11,25).

Nuevamente Jesús quiere mostrarnos la estrecha vinculación que existe entre el Padre y Él, junto con la posibilidad que nos da de acceder a este mismo estado.

Los seguidores de Jesús son personas que conocen muy bien su misión y el horizonte que poseen al conocer a Jesús: dónde está el origen y cuál es la meta de su existencia. En la raíz del discipulado está la relación del Padre y del Hijo, como realidad fundante de cual brota todo el conocimiento de Dios que se recibe y como paradigma del verdadero sentido de la llamada recibida: participar de esta comunión.

Como deja entender Jesús, la buena comunicación con Dios y la constante relación con Él, nos permiten conocer los misterios y las verdades que están al interior de nuestra vocación y de nuestra misión cristiana.

Los “sabios y entendidos” son, en el contexto de este evangelio, los maestros de la ley y los fariseos, quienes conocen la Ley de Moisés, pero rechazan a Jesús porque les parece insignificante. Lo rechazan, no porque no comprendan sus palabras a nivel intelectual, sino precisamente porque captando bien lo que ha enseñado se niegan rotundamente a aceptarlo. Ellos no están abiertos a la nueva propuesta de salvación y vida que proviene del Reino, cuya irrupción definitiva anuncia Jesús. Aún siendo grandes teólogos, ellos prefieren seguir atados a su normativa, a un sistema de vida rígido que los indispone para leer los signos vivos de la presencia de Dios en Jesús de Nazareth.

En cambio los “pequeños” son los que con sencillez de corazón han abierto de par en par las puertas de su corazón para recibir la revelación de Jesús y le han acogido efectivamente. Los “pequeños” son lo que –no importa su condición social- tienen una actitud diferente que parte del reconocimiento de que “no se la saben toda” y, por tanto, desean vivamente aprender y vivir más al Maestro.

“Nadie conoce bien al Hijo sino el Padre, ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (11,27). Esta revelación que el Hijo hace del Padre es la que el Padre ha manifestado a los sencillos: que todos nos hagamos uno con Él y para Él.

Señor, nos dirigimos a Ti en este día, para poner en tu presencia nuestra vida, junto con la sed ardiente y constante que tenemos de aprender y de conocerte mejor. Haz que nunca caigamos en la prepotencia y en la autosuficiencia de aquel que cree saberlo todo de antemano y que no necesita sentarse en las bancas humildes de los discípulos. No permitas que absoluticemos ningún método o medio como camino exclusivo para hacer la experiencia de ti, sino que sea tu evangelio vivo el que remueva todos los días de nuestros ojos el velo de nuestra ignorancia, nos haga más libres de corazón y bien dispuestos para que, revisando nuestros esquemas personales de vida, andemos con mayor prontitud por las rutas de tu reveladora Palabra que todo lo renueva. Amén.

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. Según el evangelio de hoy, ¿Quiénes son los “Sabios e Inteligentes”? y ¿Quiénes son los “Pequeños”?

2. ¿Qué relación tiene el pasaje de hoy con los textos que leímos ayer? ¿Cómo se conectan? ¿Qué nuevo mensaje se agrega?

3. ¿Qué espera Jesús de nosotros, según el evangelio de este día? ¿Qué decisión tomo para mi vida espiritual?

“Oh Señor mío, que si de veras conociésemos, no se nos daría nada de nada, porque dais mucho a los que de veras se quieren fiar de Vos!”

(Santa Teresa de Jesús)