El corazón es el centro de las emociones de los seres humanos, donde se encuentran los afectos y sentimientos buenos o malos que hay en nuestro interior. Es un órgano físico del cuerpo, pero que manifiesta desde un acelerado o lento latir de pulsaciones lo que sentimos intrínsecamente.

Es por esto, que una profecía le dijo a la Virgen María que su hijo iba a ser signo de contradicción y salvación para muchos, y el dolor de tal suceso le atravesará su corazón con una espada: “Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! – a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones.” (Lucas 2, 34-35).

Atravesaría su corazón porque ella siendo Madre del único Dios, a quien concibió, alimentó y entregó su vida para cuidarlo, sería inocentemente lastimado y lacerado para la salvación del género humano, y aunque ella sabía que el precio era la cruz y que resucitaría, fue inevitable sufrir el infortunio de la pasión y muerte de su hijo.

San Juan Eudes dice; que el corazón de Jesús y de María es el mismo, no habiendo sido Jesús engendrado de varón alguno, físicamente debió parecerse a su Madre. La sangre que Jesús derramó en la cruz era la misma de María, de una u otra forma lo que expresaba Jesús en su vida, virtudes, piedad, etc, también eran enseñanzas de María quien lo crió y educó. Con esto no se pretende decir que son la misma persona, sino más bien que ella está muy unida al corazón de su hijo, tanto que en su si dado al ángel, nos abre las puertas del majestuoso corazón de Jesús, que es manso y humilde: “Tomad sobre vosotros mi yugo, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” (Mateo 11, 29-30).

Lo más grande de todo esto es que conocemos por medio de María, el corazón inefable y bondadoso de Jesús, quien nos invita a aprender de sus virtudes, de su paciencia, mansedumbre y humildad, pero esto no es solo para aplicarlo o aprenderlo, es también una promesa que dará paz y descanso a nuestras almas, es la certeza que quien ama a Jesús y une su corazón con al de él, recibe las gracias y la predilección de Dios así como la recibió María.

Corazón de Jesús y de María, ruega por nosotros.