Jesús forma la comunidad (V):
Vivir “en casa” con el Padre
Juan 16, 23b-28
“Lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre”

Entramos en la cuarta lección: la comunidad pascual es sumergida –junto con Jesús- en las profundidades del Padre. En esta enseñanza Jesús destaca la importancia de la resurrección para nuestra relación con el Padre.

Hasta este momento Jesús se ha detenido en la exposición del significado de su muerte y resurrección para la relación entre Él y sus discípulos, siempre sobre el plano emocional, reconduciendo todo a su origen y meta. Ahora da un paso importante, su mirada sale del mundo interno de su comunidad discipular y se posa en origen y meta de todo: el Padre.

Jesús les muestra a sus discípulos lo que significará para ellos el encuentro con el Resucitado, desde la perspectiva de su relación con el Padre:

• Entonces anunciará abiertamente al Padre: “Ya no hablaré en parábolas, sino que con toda claridad os hablaré acerca del Padre” (16,25b).
• Ellos orarán al Padre en su nombre y el Padre responderá a sus peticiones “Lo que pidáis al Padre os lo dará en mi nombre” (16,23b; ver 16,26-27).

De esta forma, la obra de Jesús de vincular el cielo con la tierra, de hacer conocer el rostro del Padre y establecer una relación más profunda con Él, llegará a su conclusión con la Resurrección: “Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre” (16,28).

  1. La revelación definitiva del Padre

Jesús no ha deseado otra cosa que conducir a sus discípulos al Padre. Con su
resurrección, todo este esfuerzo va a adquirir una nueva cualidad: lo anunciará abierta y no veladamente (16,25). No lo hará con nuevos discursos de revelación sino por medio del encuentro con el Señor Resucitado, en Él tendrán una nueva imagen del Padre.

Esta es la manifestación prometida repetidamente a en el evangelio (ver Juan 2,22; 12,16; 20,9): de la misma forma que las “obras” demuestran que Jesús sostiene una relación única y particular con el Padre, la resurrección –la gran obra del Padre- pondrá en evidencia el vínculo profundo que hay entre los dos.

En cuanto glorificado (ver 7,39) y resucitado (ver 20,22), Jesús le dará a sus discípulos el Espíritu Santo, quien los llevará a la comprensión plena de todo lo que Jesús dijo (ver 14,26 y 16,13). Pero precisamente en el centro de la predicación de Jesús hay un mensaje relacionado con Dios Padre: cuando los discípulos vean a Jesús resucitado, experimentarán a Dios como el Padre que se la ha jugado toda por amor de sus hijos, enviando al mundo lo más querido de su corazón, su propio Hijo Jesucristo (ver 3,16). Esta experiencia superará todas las precedentes.

2. Se suelta la lengua de los discípulos en una oración nueva

Habiendo llegado a esta revelación plena, Jesús anuncia que se desatará la lengua de los discípulos en una nueva comunicación con Dios: conociendo toda esta revelación en la Resurrección del Hijo, le dirigirán sus oraciones al Padre.

Antes no era posible algo similar. Solamente cuando concluye el camino de Jesús sobre la tierra, cuando los discípulos conocen por entero el “nombre” –la persona- de Jesús, como Hijo de Dios resucitado y glorificado, pueden dirigirse a Dios con la seguridad de que indudablemente están entrando en comunicación con Él.

Jesús promete que las oraciones serán escuchadas. El fundamento es el amor y la generosidad del Padre: “el Padre mismo os quiere” (16,27). La oración no se entiende fuera de esta dinámica del amor, ni tampoco fuera de la alegría, que ahora se ve coronada: “Pedid y recibiréis, para que vuestro gozo sea colmado” (16,24). La fe y el amor a Jesús nos abren al amor y al gozo del Padre, porque ha venido del Padre al mundo y al Él retorna.

Jesús no nos dice expresamente cuál es el contenido ni la forma de esta oración. Lo que sí es evidente en este momento es la oración está envuelta en la comunión afectuosa entre el Padre, el Hijo y los discípulos de Jesús. Comprendemos entonces que no se trata de cualquier oración sino de aquella que sabe suplicar la comunión perfecta con Dios participando del destino de Jesús Resucitado. La respuesta a esta oración será la alegría perfecta (ver 16,24).

Jesús sintetiza su obra

Jesús hace la síntesis de su obra en el mundo a partir de la descripción del doble movimiento de “venida” y “regreso” al Padre: “Salí del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre” (16,28). En una sola mirada Jesús abraza su camino entero. Es a partir de este horizonte que hay que entenderlo todo.

Jesús se va porque su patria es el Padre. Su estadía en el mundo es pasajera y su amistad con los discípulos es apenas el comienza de una relación que se prolongará más allá de la muerte. El sentido de su venida al mundo es el Padre: dar a conocer su rostro amoroso, abriéndole a todo el mundo el camino de acceso a este amor transformador que sacia el corazón.

Pues sí, Jesús regresa al Padre, pero no regresa solo. Todos los que lo aman y creen en Él serán acogidos por el Padre en su casa.

Cultivemos la semilla de la palabra en lo profundo del corazón

  1. ¿Por qué la Resurrección de Jesús es la revelación plena de Dios Padre?
  2. ¿A qué nos debe conducir el conocimiento del Padre? ¿Qué tiene que ver con la vida comunitaria?
  3. ¿De dónde proviene, cómo se hace y qué pide la oración nueva de los discípulos en el tiempo pascual?