El relato de la curación-liberación de la mujer encorvada en una sinagoga y en un día sábado, es impresionante.

Es un caso emblemático del cumplimiento del programa misionero de Jesús, quien vino a ‘dar libertad a los cautivos’ (Lc 4,18).

La mujer estaba allí, a un lado, como las demás mujeres en la sinagoga, y Jesus hace de la curación de ella su enseñanza para todos.

En esta lectura del texto se profundiza en la situación de la mujer, en las acciones liberadoras de Jesús y en el sentido del sábado como cuidado paterno de Dios de todas sus creativas.

También en la frase final: ‘Esta mujer es hija de Abraham’. Con la cual Jesus le restituye todos sus derechos, exalta su dignidad y recuerda a todos: ella tiene papá.

La promesa de vida y de bendición de Dios a Abraham se cumple. Así lo había cantado en alabanza otra mujer, María, en el amén de su Magnificat: ‘Recordando su santa alianza, cómo había prometido nuestros padres, Abraham y su descendencia para siempre’ (Lc 1, 54-55).

Ante tantas mujeres, en cuyos cuerpos se puede leer el relato de un maltrato, vale la pena volver cuidadosamente sobre los grandes horizontes positivos que abre Jesús en este maravillosa historia.