Muy a menudo, las Sagradas Escrituras nos insiste sobre la importancia de perdonar, diciéndonos que solo quien lo hace se parece a Jesús. En realidad, perdonar es uno de los actos que más cuestan entre la sociedad de hoy, es notorio como muchas naciones se odian con otras, padres que no quieren a sus hijos, o familiares cercanos, y esto no es más que el origen de la mayoría de los conflictos. Pero ¿qué hacer si odiamos a alguien y no nos podemos liberar de ello?.

En estos casos, lo primero es hacer oración en cualquier circunstancia, no importa por lo que estés pasando debemos orar, así nos sintamos que estamos lejos de Dios, recuerda esa cita que dice “Donde abundó el pecado sobre sobreabundó la gracia (Romano 5, 20). Orar nos acercará más a Dios y él nos hablará de cómo vivir la vida cristiana liberándonos de toda opresión, nos hará comprender que nosotros también pecamos y que Dios nos perdona cada día, que de igual manera debemos perdonar: “Y cuando os pongáis de pie para orar, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas.”(Marcos 11, 25).

Como segundo paso está es leer asiduamente las Sagrada Escrituras, en especial los evangelios donde se narra la vida de Jesús, esto es muy importante, allí encontraremos la plenitud del amor de Dios, que sana los corazones y hace que haya paz en nuestras almas, recuerda, “el amor lo perdona todo”, (I de Corintios 13, 7). Si ¡hermano!, ¡hermana!, el amor es la solución, no hay nada más que nos pueda ayudar: “El odio provoca discusiones, el amor cubre todas las faltas.”(Proverbios 10, 12).

El siguiente paso es olvidar, pero olvidar sin rencor, encomendando a nuestro Dios ese mal que hemos padecido por el mal actuar de los otro, dejando a esas personas en las manos de la misericordia infinita del Juez supremo. Se trata de olvidar sin rencor, y pensar que toda experiencia adversa, nos debe ayudar a ser mejores, a ser más sensibles ante los demás: “Olvidar ofensas dejar todo en manos de Dios. Y si peca contra ti siete veces al día, y siete veces se vuelve a ti, diciendo: «Me arrepiento”, le perdonarás.” (Lucas 17 , 4 ).

Después de seguir estos pasos es importante dar testimonio del amor de Dios, porque sólo seremos imagen de Él, si perdonamos, así lo dice la palabra: “Si alguno dice: «Amo a Dios», y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve. Y hemos recibido de él este mandamiento: quien ama a Dios, ame también a su hermano.” (1 de Juan 4, 20­21).

A ejemplo de Dios que siempre nos perdona, perdonemos a los demás, y sigamos su ejemplo: “¿Qué Dios hay como tú, que quite la culpa y pase por alto el delito del Resto de tu heredad? No mantendrá su cólera por siempre pues se complace en el amor; volverá a compadecerse de nosotros, pisoteará nuestras culpas. ¡Tú arrojarás al fondo del mar todos nuestros pecados!.” (Miqueas 7, 18­19).