En diferentes ocasiones he escuchado a hijos que desean cambiar a sus padres, no cómo lo están pensando, tal vez en  reemplazarlos, no, me refiero a cambiar su forma de pensar, e incluso desean hacerlo con sus abuelos. Por estos motivos se trata de generar un pensamiento diferente, costumbres e incluso culturas, lo cual genera una rivalidad, puesto que el «chip» que ellos tienen es de raíz, de generaciones, de su tierra.

A veces me da risa, puesto que los jóvenes ven solo con sus ojos, su generación y el mundo que se ha ido desarrollando, abuelos y algunos padres, quieren seguir con sus costumbres, de hacer el arroz de tal forma, de tener las mismas cosas en su cuarto, de guardar todo lo que se encuentran ‘porque para algo a de servir’. Se pretende generar un cambio el cual ellos no quieren, se sienten bien así. 

Intentar cambiar el chip de los que amamos y que vienen de culturas y generaciones anteriores, diría que es una batalla perdida. Más bien los invitaría a sumergirse en su mundo, a conocer aquellas historias que tiene por contar el abuelo, aquellas cosas que han hecho durante muchos años y les ha funcionado, conozcamos, sus raíces y cultura, puede ser un mundo mágico, del que podemos aprender un poco más. 

¿Para qué cambiar el chip, de los que amamos? Tal vez puedes lograrlo, que estén a la ‘moda’  pero me atrevo a decir que se estaría quitando parte de su esencia, de lo que son, de lo que sienten, de su significado. Te invito aceptar y a conocer a los tuyos, e incluso volvamos y adoptemos parte de lo que ellos fueron, de sentarse en la cocina y hablar durante horas, de contar las mismas anécdotas y reírse de ellas, de cocinar en leña, con el toque perfecto que le da el mejor sabor ‘amor’.

Cambiemos nuestro chip, al del abuelo, o nuestros padres, compartamos un poco de lo que ellos son, entendamos que ellos se han adaptado a lo que ahora somos y que en su silencio nos aceptan y no intentan luchar contra nosotros nos aman e intentan entender este mundo que es un poco loco.