Encontrarte a una persona en la calle en un estado en el que ha consumido una sustancia alucinógena, lo ven como algo extraño, aquel bicho raro – cómo lo dicen en nuestro país- mirándolo con desprecio o con un poco de temor, olvidándose que son humanos igual que los demás. Es claro que su condición no es la mejor, pero tampoco tenemos derecho de juzgarlo por su estado.

Parece ser que hoy en día es más fácil juzgar que ayudar a levantar, o lo más triste es que dejamos de sentir amor por los demás. Aquellas acciones que hacemos al cruzarnos con estas personas, las sienten y ven aquel rechazo del que son víctima, e incluso esta realidad la viven en algunos hogares en los que también son vistos como bichos raros.

Preguntarse qué haría Jesús al ver a estos hermanos en esta situación, es muy fácil de responder, si Él se acercaba al leproso y a la prostituta, al pecador, no tendría ningún problema de acercarse a los que rechazan hoy en día, o los ven con miedo o temor.

Insisto que deberíamos tener las acciones de Jesús con nuestros hermanos. Acerquémonos, ayudemos a levantarlos, y sobre todo acompañémoslos a salir de aquel momento crítico en el que se encuentran.