El lugar en el que aprendemos a pelear es en casa o a la vez somos testigos de ciertas discusiones, ya sea por nuestros hermanos mayores o por un disgusto de nuestros padres. Son momentos que tristemente se van quedando en nuestra cabeza y después los llevamos a la acción.

Las discusiones o peleas siempre estarán presente en cada uno de nuestros hogares, el problema es que nos acostumbremos a ellos, lo hacemos parte de nuestro día a día, hasta llegar al punto de no sentir nada. Estar en una batalla tratando de demostrar quien es mejor, es lo más absurdo, puesto que lo importante es no hacer ver quién es el más fuerte, sino el que ama y sabe perdonar.

No dejemos que nada nos robe la paz, tratemos de buscar la mejor solución por medio del diálogo, no dejemos que la ira y el orgullo se apoderen de nuestro ser, puesto que después  terminamos cometiendo y lanzando palabras de las que más adelante nos arrepentiremos. No caigamos en batallas absurdas que no tienen sentido

Las batallas válidas en casa deberían ser aquellas en las que nos amamos sin condición, batallas en las que luchamos por salir adelante, apoyando a cada uno de los que hace parte de nuestra vida, y sobre todo luchemos por tener el amor de Jesús en nuestra vidas, permitamos que Él esté presente en cada uno de nuestros corazones, de esta manera ganaremos felicidad y unidad.