Así es, no es mi historia, a veces nos va mejor contando la historia de los demás, y por ello, nos gusta ser expectantes, mirar de lejos o escuchar para no implicarnos mucho, y creo que ese es un problema como sociedad y comunidad, es bueno leer, oír, enterarnos de lo que pasa, a esto me refiero de cualquier realidad, ya sea del país, del barrio, de lo que le pasa a los que están a nuestro lado, nos interesa chismosear – saber- pero no dar la mano.

 

En estos días mientras iba en mi bicicleta, vi que una señora se cayó de su bicicleta, yo estaba a más de unos cien metros, delante de mí iban otros cuántos ciclistas, y muchos se detuvieron unos metros más adelante, no para ayudarla sino para ver qué pasaba, trate de llegar lo más rápido, para ver si necesitaba algo, y lo que ella hizo fue mirarme con nostalgia de ver que muchos estaban mirando -chismoseando-  lo que pasaba, y hablando entre ellos de lo que le pasó a ella, y su frase fue, cómo no es su accidente si lo cuentan, pero no dan la mano.

 

Ante todo esto que vemos en nuestro día a día, de seguro nos encontramos con  muchas realidades las cuales las ignoramos, puesto que no son nuestros problemas, no son nuestras circunstancias, no es nuestra historia, seguimos de largo sin sentir lo que otros sufren. Si reflexionamos ante nuestra creencia de ser Cristianos, creo que nos falta mucho. Resalto cada vez que puedo el pensamiento de San Juan Eudes, ser otro Cristo aquí en la tierra, y eso implica tener sus mismas acciones.

 

Jesús se hace ‘partícipe’ de nuestra historia, se implica en nuestra realidad y sabe entendernos, no es un simple expectante viendo como caemos, Él se incomoda para ir a levantarnos de prisa, no importa quien seas, se acerca y nos da de su fuerza para poder continuar nuestro camino, para que después junto con Él podamos contar ´nuestra historia´, de lo que sucedió. Recordemos que Jesús se acerca al pecador, al ignorado, al intocable, al marginado y sobre todo extiende su mano para continuar con el camino.