Josef Mueller era un agente encubierto en el ejército del Tercer Reich, al servicio de los aliados, la resistencia Alemana y por qué no decirlo del propio Vaticano. Cuando la «operación Valquiria» se frustró, Mueller fue capturado junto con muchos de sus compañeros que terminaron en la horca.

El día de su interrogatorio el agente de la SS que lo custodiaba, pregunto de manera sarcástica a Mueller: «¿usted reza por todos sus enemigos?», a lo que Mueller respondió que «si». Luego el agente pregunto algo más serio: «¿y usted reza por mí?» a lo que Mueller respondió: «¡pido por usted todos los días!».

Terminado el interrogatorio Mueller fue llevado para su ejecución y mientras caminaba por el patio del campo de concentración de Dachau (donde permaneció un largo tiempo) recitaba el Padre Nuestro, y mientras veía el objeto con el cual causarían su muerte, recordó que justo en ese momento su hija estaba haciendo la primera comunión (irónico como mientras una niña en algún lugar recibía el Pan de la Vida, un hombre moriría por causa de ese mismo Pan).

Transcurrieron aproximadamente unas 2 horas mientras los soldados recibían la orden definitiva para proceder con la ejecución… Luego de una extraña llamada por parte de un alto oficial de la SS que buscaba negociar los términos de su rendición, ya que sospechaba el desenlace de Hitler; Mueller no fue ahorcado y de hecho salió del campo de concentración para viajar luego a Roma.

Al llegar al Vaticano tuvo una reunión con el controvertido Pio XII, quien sin soltar sus manos pregunto a Mueller: «¿como te sientes?» a lo que Mueller respondió alegremente: «¡Su Santidad, olvidé cómo odiar!»…

Toda mujer y todo hombre tiene circunstancias adversas y una historia, pero si luego de todo esto puedes decir: «ME OLVIDÉ DE CÓMO ODIAR», sabrás como se es un verdadero Super Héroe.