¿Quieren saber por qué parece que los malos llaman tanto la atención y resultan especialmente atractivos, sobre todo entre niños y jóvenes? Porque el mensaje de los buenos se volvió una cosa aburrida, sonsa, fofa, ñoña, que no le dice nada a un mundo como el de hoy en día y fuera de todo: incoherente.

El problema no es de los malos (que finalmente están haciendo bien lo que tienen que hacer), el problema es de los buenos, quienes para excusar nuestra mediocridad buscamos un chivo expiatorio en la televisión, en la música, en una coyuntura social y recientemente en el cine.

Ahora y con motivo de una película de moda, nos sorprende ver a un genocida intergaláctico, por el que muchos espectadores sienten aprecio. Nos asusta (y hasta con razón) ver que el tipo se salga con la suya y nos preocupa el mensaje que esto pueda estar dejando en la conciencia colectiva.

El problema no es de “Thanos”, de “Venom”, de “Logan”, de “Deadpool”, de «Voldemort» o algún villano real o ficticio, el problema es de los buenos, que juzgamos a los demás, que imponemos a los otros un sistema de valores que ni siquiera nosotros mismos somos capaces de mantener, que vivimos como «amarguetas», que nos creemos dueños de la verdad, que si somos religiosos, decimos cosas como: “que mal que pienses así, voy a orar por ti”, cuando en el fondo estamos convencidos que ese interlocutor es un hereje, pecador y renegado.

Lo más grave de todo esto es que no somos capaces de mostrar al otro un mensaje original y coherente de bondad y misericordia, nos quedó grande mostrar que se puede ser «cool» y bueno a la vez, y que se puede disfrutar del mundo sin apegarse al mundo…

Si tuviera una hija o un hijo, me gustaría poder decirle que a veces los malos se ven “nice”, que muchas veces se salen con la suya y nos derrotan (más en un país como Colombia), pero que hay belleza y honor por luchar en contra de todo eso, que me enorgullecería si al encontrarse con un “genocida intergaláctico”: lo confrontara, aunque sus posibilidades sean mínimas. Le pediría que me perdone por tantas veces que actué como un “Tony Stark” barato que tenía mas los miedos y defectos del personaje, que sus virtudes para hacer de su mundo un lugar mejor y que además me decepcionaría si se deja meter en una burbuja pensando que todo es malo y que siempre hay un tercero a quien condenar.

“No nos sigamos diciendo mentiras”, guardando las proporciones: la culpa ahora no es de una película, el malo o su temática, si quiere encontrar un chivo expiatorio, mírese en un espejo y entenderá por qué parecería que ser el malo es mas chévere, después de todo: “Lo único que necesita el mal para triunfar es que los hombres buenos no hagan nada” (no lo dije yo, pero necesitaba terminar el articulo con una frase interesante).