Cuando el cristianismo inició fue tildado por algunos como una experiencia propia de locos o en el mejor de los casos de fanáticos, debido entre otras cosas a la pasión que movía a los primeros cristianos a entregarse incluso hasta la muerte. Pero también fueron llamados fanáticos por su actitud llena de pasión incontenible que en algunos casos los hacía tornarse insoportables.

Hoy quiero a través de estas líneas exponer desde mi experiencia particular ¿por qué los cristianos de ayer y los de hoy nos entregamos en diferentes misiones, es decir, en el trabajo con jóvenes, niños, adultos mayores, con personas privadas de la libertad, con mujeres en situación de prostitución, con habitantes de calle y en un sin número de actividades que requieren dedicación y entrega? Y esto por mencionar algunos puntuales, pero existen una cantidad de apostolados y misiones que sí los mencionara, aquí no alcanzaría el tiempo ni el espacio para ello.

He tenido la oportunidad de compartir con algunas personas que trabajan en algunos de los escenarios que enuncié, ellos y ellas coinciden que lo que los mueve no es la locura ni la pasión, sino que cada uno de ellos y ellas son contundentes en dejar claro que los motiva a trabajar por los demás es el amor a Cristo. A esta respuesta me di a la tarea de ahondar un poco más en lo que me contaban y casi todos concuerdan en que en aquellos que los rodean ven el rostro de Cristo que algunas veces reclama una acción frente a realidad concreta que viven; ya sea ésta de pobreza, hambre, abandono, incomprensión, tristeza, soledad, entre otras.

Indistintamente a la necesidad que cada hombre y mujer padezca en este mundo los seguidores auténticos de Cristo que lo han dejado Formarse, Vivir y Reinar en sus corazones, es decir, en toda su vida, siempre estarán dispuestos a entregarse no por locura o fanatismo sino por puro y absoluto amor.

Amor como el de Cristo que no sólo conoce a los que ama, sino que se entrega por ellos (Jn 10, 14-15) Que bueno sería que los seguidores de Cristo como tú y como yo nos entregáramos movidos por el amor y sólo por él. Pidamos a Dios con toda la fuerza que hay dentro de nosotros que nos dé cada día capacidad de esta entrega sin igual.