cuentos

Dios inaccesible

Uno de los apóstoles, Tomás, dudó de la realidad de las apariciones (cf Jn 20, 24-29). Y sabemos que Cristo le hizo poner la mano en las cicatrices de sus heridas, y más nos valió su duda que la fe inmediata de María Magdalena (cf Jn 20, 11-18) porque, como dice san Cipriano, por su vacilación, Tomás tuvo ocasión de tocar las cicatrices de las heridas de Cristo y con ello curó de nuestro pecho la llaga de la duda.

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¿Qué le puedo decir de Jesucristo?

¿Qué palabras podría yo decirles a ustedes acerca de Cristo, que los conmoviera profundamente, hasta el punto de la entrega, del rendimiento total?. Yo podría decirles que Cristo es nuestro salvador. Que Él nos ha salvado totalmente y que debemos estar felices porque ya no hay condenación para nosotros, por la sangre de Cristo (Rom 8, 1).

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Bellísimo ideal para nuestra vida

Este texto es inmenso, impresionante. Debemos preferir a Jesucristo y su conocimiento a todo lo demás. Debemos estar interesados por saber más y más. Debemos apartarnos, por amor de Él, de muchas cosas, como dice Pablo. Es basura todo lo demás, en comparación de su conocimiento (cf Filp 3, 7-8). Aun lo más brillante, lo más reluciente; aun lo más atractivo, los grandes salones, las grandes recepciones, las grandes culturas, los más bellos viajes, todo es basura en comparación de la riqueza, de la inmensidad de Jesucristo.

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Carta a un hermano separado

Hermano separado: hoy quiero dirigirme a usted, cristiano que se alejó de la Iglesia Católica por distintos y extraños motivos. Posiblemente los otros católicos lo escandalizamos a usted, porque nos vio embriagados, porque nos vio en los cafetines, porque nos vio quebrantando el sexto mandamiento.

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El Padrino

Mientras el sacerdote iba leyendo con vigor inusitado las oraciones rituales, el niño que iba a ser bautizado lloraba. El padrino lo miraba con una mirada profunda, y veía en ese niño todo un extraño destino, que le hacía recordar el curso variado de su propia existencia.

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El Rey del Himalaya

Un día, un gran Rey que tenía sus tierras al sur del Himalaya fue visitado por un embajador de Persia que le obsequió con una hermosa espada labrada a mano. Mientras admiraba todo el trabajo hecho en el sable, el Rey se cortó accidentalmente el extremo de su dedo pequeño. Como el Rey estaba sufriendo esta pérdida, su ministro dio un paso hacia el trono y le dijo:

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