cuentos

Buscar a Dios

Busquen al Señor mientras se le puede hallar. Invóquenlo mientras está cerca (Is 55, 6). El destino espiritual de todo hombre, más que su destino humano, depende de aprovechar la oportunidad. Hay ciertos momentos en que Dios nos habla. En que Dios nos invita de un modo decisivo. De aceptarlo o de rechazarlo en esos instantes depende el curso de nuestra vida espiritual.

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Nostalgia del cielo

Jesús subió a los cielos ante la mirada de centenares de judíos que no tenían nada de tontos y que después murieron diciendo: “No podemos callar; resucitó y subió a los cielos...”. Cristo subió a su Padre, después de su largo viaje por la Tierra, a donde vino con dos finalidades: adorar a su Padre y redimir al hombre.

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Dios lo hizo Señor

Decía san Pedro, en su primer discurso ante una multitud de judíos que lo escuchaban, después de la resurrección de Jesucristo: Sepa, pues, ciertamente toda la casa de Israel que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo (Hech 3, 12-15). Antiguamente la palabra “Señor” tenía un sentido profundo de señorío y de dominio absoluto. El emperador era el único señor. Se saludaba diciendo: “¡César es el Señor!”. Los cristianos decían por su parte: “No, Jesucristo es el único Señor”.

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Dios inaccesible

Uno de los apóstoles, Tomás, dudó de la realidad de las apariciones (cf Jn 20, 24-29). Y sabemos que Cristo le hizo poner la mano en las cicatrices de sus heridas, y más nos valió su duda que la fe inmediata de María Magdalena (cf Jn 20, 11-18) porque, como dice san Cipriano, por su vacilación, Tomás tuvo ocasión de tocar las cicatrices de las heridas de Cristo y con ello curó de nuestro pecho la llaga de la duda.

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¿Qué le puedo decir de Jesucristo?

¿Qué palabras podría yo decirles a ustedes acerca de Cristo, que los conmoviera profundamente, hasta el punto de la entrega, del rendimiento total?. Yo podría decirles que Cristo es nuestro salvador. Que Él nos ha salvado totalmente y que debemos estar felices porque ya no hay condenación para nosotros, por la sangre de Cristo (Rom 8, 1).

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Bellísimo ideal para nuestra vida

Este texto es inmenso, impresionante. Debemos preferir a Jesucristo y su conocimiento a todo lo demás. Debemos estar interesados por saber más y más. Debemos apartarnos, por amor de Él, de muchas cosas, como dice Pablo. Es basura todo lo demás, en comparación de su conocimiento (cf Filp 3, 7-8). Aun lo más brillante, lo más reluciente; aun lo más atractivo, los grandes salones, las grandes recepciones, las grandes culturas, los más bellos viajes, todo es basura en comparación de la riqueza, de la inmensidad de Jesucristo.

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Carta a un hermano separado

Hermano separado: hoy quiero dirigirme a usted, cristiano que se alejó de la Iglesia Católica por distintos y extraños motivos. Posiblemente los otros católicos lo escandalizamos a usted, porque nos vio embriagados, porque nos vio en los cafetines, porque nos vio quebrantando el sexto mandamiento.

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El Padrino

Mientras el sacerdote iba leyendo con vigor inusitado las oraciones rituales, el niño que iba a ser bautizado lloraba. El padrino lo miraba con una mirada profunda, y veía en ese niño todo un extraño destino, que le hacía recordar el curso variado de su propia existencia.

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