Voy a citarles tres textos que se deben aprender de memoria. El primero es: No quise saber entre ustedes cosa alguna, sino a Jesucristo y a éste crucificado (1 Cor 2, 2).

Este texto es inmenso, impresionante. Debemos preferir a Jesucristo y su conocimiento a todo lo demás. Debemos estar interesados por saber más y más. Debemos apartarnos, por amor de Él, de muchas cosas, como dice Pablo. Es basura todo lo demás, en comparación de su conocimiento (cf Filp 3, 7-8). Aun lo más brillante, lo más reluciente; aun lo más atractivo, los grandes salones, las grandes recepciones, las grandes culturas, los más bellos viajes, todo es basura en comparación de la riqueza, de la inmensidad de Jesucristo.

Me propuse entre ustedes no saber otra cosa, sino a Jesucristo y a éste crucificado. Y ciertamente, Todas las cosas las estimo como basura, por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura para ganar a Jesucristo (Filp 3, 8).

El segundo texto que quiero comentarles está en la epístola a los Filipenses; es todo un programa de vida. Dice así: Dios es el que produce en nosotros así el querer como el hacer, por su voluntad (Filp 2, 13). Dios es el que nos está llamando. Él es el que nos está haciendo creer, nos ha creado la inquietud espiritual. Él es el que nos hace querer y realizar al camino divino trazado por Dios. Sin el impulso del Espíritu Santo, nosotros desecharíamos lo espiritual, lo rechazaríamos. Estaríamos totalmente involucrados en lo material. Y continúa Pablo: Hagan todo sin murmuraciones ni contiendas para que, siendo irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha, en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecen como luminares en el mundo (Filp 2, 14-15).

Este es todo un programa que debemos realizar por medio del Espíritu Santo: ser irreprensibles en nuestra vida, irreprochables, abandonar todo pecado. Ya para nosotros no debe existir el ámbito de lo pecaminoso, ni la infidelidad ni la fornicación ni el odio ni la mentira ni el desamor ni la injusticia.

Qué bellísimo ideal para nuestra vida, en medio de una generación maligna y perversa. La generación del adulterio, la generación de la pornografía, de la infidelidad, del amor libre, de las orgías, de las largas noches mundanas. Ser irreprensibles y sin mancha. En medio de una generación maligna y perversa debemos resplandecer como luminares en el mundo. Cada uno de ustedes debe ser luminar en el mundo oscuro.

Oremos: Jesucristo, haz que se realice este plan que tu apóstol Pablo nos dictó. No quisiéramos saber nada más, sino a Ti en el mundo. Sabemos que el Espíritu es el que obra en nosotros el querer y el hacer. Quisiéramos que nos concediera la gracia suprema de ser luminares en el mundo, en nuestro pequeño ámbito, en nuestras limitaciones. Quisiéramos ir conformando la comunidad de los cristianos radicalizados que se apartan totalmente del pecado, que te siguen a Ti con absoluta fidelidad.