Es una de esas preguntas que llegan repentinamente a la mente cuando el corazón está agitado. ¿Agitado? ¿Cómo así? Pues sí, agitado de preguntas sin respuestas, de duda, de tristezas, de incomprensión ante muchas cosas que suceden a nuestro alrededor.

Para algunos, las cosas que nos perturban son simples tontadas, vicisitudes sin importancia, aquello que ni debería acaparar nuestra atención. Lo que sí es cierto es que la grandeza de cada abismo solo se reconoce dependiendo del nivel de avance que se lleve caminado en el puente que lo atraviesa; cuando estamos en el medio, miles de pensamientos pasan por nuestra mente, creemos que ahí terminó todo y que va a ser imposible terminar de cruzar, o por otro lado queremos aventurarnos a terminar el trayecto con una gran carrera que aunque nos deje sin aliento e inclusive pudiera desestabilizar el puente colgante, por lo menos nos permitió llegar al otro lado.

Creo que todo radica en la valentía y la conciencia con la que doy el primer paso para cruzar ese puente además del sentido que me motiva a hacerlo. ¿Estoy realmente consciente de lo que me espera al cruzar el puente? Realmente lo que importa es esperar que lo que esté al otro lado es lo que necesito, una respuesta, un abrazo, ¡mi libertad!, si tenemos la esperanza de que seremos libres, pues habrá valido la pena.

¿Pero qué es ser libre? ¿Qué es lo que me mantiene cautivo? Lo que es claro es que el amor de Dios nos invita a vivir de otra manera, estando abiertos a dar, a compartir y a sembrar con generosidad, sin esperar mérito alguno que vaya a ganar con eso. Esto parte de la respuesta que damos a la invitación de vivir según el corazón de Jesús que ama sin límite alguno y que espera que tú y yo hagamos también ese amor, una expresión concreta por medio de los gestos que tenga con los demás.

Ejercicio personal para esta semana, mi trabajo ¿lo hago con cariño? ¿entrego mi tiempo y fuerzas en lo que me corresponde? Recordemos que Dios vive en cada una de nuestras realidades y está esperando que demos ese paso. Jesús espera que nos entreguemos con amor, viviendo y sirviendo como Él mismo lo ha hecho. ¡Solo Dios Basta!

José Andrés Hurtado
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 Solo Dios Basta
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