Sentarse en la mesa con Jesús implica identificarse con Él
Juan 13,16-20
“Quien acoja al que yo envíe me acoge a mí”

Comenzamos la lectura de la segunda parte del Evangelio de Juan, la cual leeremos prácticamente en su totalidad (los pasajes que no aparecerán, ya fueron leídos en semanas anteriores).

Hoy nos situamos en la mesa de la última cena de Jesús con sus discípulos. Esta mesa es lenguaje elocuente de “comunión”. En torno a ella Jesús va a hablar de sus relaciones: con el Padre, con los discípulos, con sus adversarios. Todos los discursos que vamos a abordar se refieren al cómo tejer la relación con Jesús, como avanzar en su amor.

El hecho de que en torno a la mesa estén los Doce, es un llamado de atención para los animadores de las comunidades. La tarea principal de un pastor es la animación de las relaciones de cada uno de sus hermanos con Dios (el crecimiento en la fe) y de los hermanos entre sí (la vida comunitaria mediada por la caridad y el servicio).

Las primeras expresiones de las instrucciones de Jesús a sus discípulos están en el discurso silencioso pero elocuente del lavatorio de los pies: el Maestro les dice de qué tipo es la relación que Él entabla con los suyos. Jesús define su relación a partir del servicio, pero no el servicio frío de que simplemente cumple funciones, sino el servicio de que “purifica” al otro a fuerza de amor y lo “involucra” (de forma bautismal: lo sumerge) en su propia existencia.

A partir de este momento, en las palabras siguientes de Jesús, comienzan a aparecer los términos de la mutua vinculación de los discípulos con Él y entre ellos:

  1. El “servicio”. Las relaciones en la comunidad se definen a partir del lavatorio de los pies (13,16-17; ver desde el v.15).
  2. El “conocimiento”. Jesús “conoce” a quienes ha elegido (13,18a). Las relaciones se profundizan y se hacen sólidas por la ruta de este conocimiento.
  3. El ser el uno para el otro “rostro” de Cristo, así como Jesús es “rostro” del Padre (13,20)

Pero no falta el contraste que hace todavía más luminoso el mensaje. Justo en medio de la enseñanza se menciona al traidor: aquél que tejió relaciones mentirosas dentro de la comunidad (por eso la cita del Salmo 41,10). La sinceridad en la relación es esencial para que ésta sea fuente de crecimiento y no de dolor.

Al citar el Salmo 41,10 (“El que come mi pan ha alzado contra mí su talón”) Jesús se reviste con la figura de un inocente perseguido. Abrirnos a una relación es hacernos vulnerables. Será el riesgo que correrá Jesús y que lo llevará finalmente a la muerte.

Pero en su increíble humildad, Jesús no se retrae ante el misterio de la doblez y de la traición humana (porque se le hace más daño a quien mejor se conoce); más bien, por el contrario, consigue entrar por esta fractura de la mezquindad humana en la situación que ha venido a redimir. Por eso en medio de la traición se revela la grandeza del “Yo Soy” (13,19).

Cultivemos la semilla de la palabra en lo profundo del corazón

Comienza la lectura pascual más profunda: el discurso de despedida de Jesús (Juan 13- 17). El texto de hoy nos prepara para la escucha de este texto inmenso (en todos los sentidos).

  1. ¿Por qué la Biblia le da tanta importancia a la “mesa” y a la “cena”? ¿Cuáles son los espacios que hoy privilegiamos para entablar relaciones?
  2. ¿Cuáles son las características de una relación “a la manera de Jesús”?
  3. ¿Por qué se menciona la traición de Judas? ¿Sobre qué me advierte?