El Evangelio dice que José, el esposo de la Virgen María, era artesano. La palabra griega “tecton”, que el evangelio emplea, puede traducirse como carpintero, ebanista, obrero de construcción, albañil o artesano.

Por eso, San Hilario, San Ambrosio, San Isidoro y San Beda afirman que San José era herrero, San Hugo dice que San José era orfebre, pero la mayoría de los comentadores antiguos escriben que era carpintero. Así por ejemplo, se expresa San Justino: A Jesús “se le tenía por hijo de José el carpintero… y fue considerado él mismo como un carpintero, y fue así como fabricó obras de este oficio –arados y yugos- mientras estaba entre los hombres, enseñando por ellas los símbolos de la justicia y lo que es una vida de trabajo“ (Trifón 88,8). Se encuentran parecidos comentarios de Orígenes, San Efrén, San Juan Crisóstomo y San Juan Damasceno. El historiador Sozomeno cuenta que a un cristiano le preguntaron: “¿Qué está fabricando ahora el hijo del carpintero?”, y el replicó: “Fabricando un ataúd para Juliano el apóstata”.

Basados en estos comentadores, las versiones modernas de los evangelios llaman a Jesús “el carpintero” y “el hijo del carpintero” (Mc 6,3; Mt 13,55). Seguramente José enseñó a Jesús el oficio que tenía, pues según el adagio judío: “quien no le enseña a su hijo un oficio, le enseña a robar”.

El taller de José no debía ser grande, pues Nazaret era un poblado menos, y en sus casas apenas se usaría la madera en las puertas o en algún mueble. Además en galilea no abundaba la madera, salvo la obtenida de los olivos, palmeras, higueras y frutales. Los cedros del Líbano producían maderas caras, inaccesibles a los aldeanos.

De todos modos a Jesús, durante su adolescencia y su juventud se le representa en una carpintería, acariciando la madera y los clavos, y quizá intuyendo que un día lo clavarían en una cruz (1Ped. 2,24).

Precisamente en el evangelio apócrifo de la infancia de Jesús, se narra un milagro que hizo Jesús en la carpintería de José. Dice Giovanni Papini que los cuatro oficios mas antiguos y mas sagrados que ejercen los hombres son los de agricultor, albañil, herrero y carpintero, y que Jesús en este último aprendió que “la materia mas baja, golpeada y reformada, puede convertirse en preciosa… y que así como de un tronco de olivos, nudoso y terroso, se saca el lecho del niño y de la esposa, así también se puede hacer del sórdido recaudador de impuestos y de la desdichada prostituta, dos ciudadanos del Reino de los Cielos”.