Dios eligió a Abraham un hombre bueno como el líder de una nación grande, le ordenó que dejara sus tierras y lo siguiera, llevando con él a su mujer Sarai, con quien tuvo en la vejez a su hijo Isaac.

Entonces Dios quiso probar la fe y el amor de Abraham hacia él y le pidió que le entregara en sacrificio a su único hijo a quien él tanto amaba.

A Abraham se le partió el corazón y fue a cumplir el mandato de Dios, llevando a Isaac hacia un lugar que Dios le había mostrado y cuando lo puso en un altar con leña para iniciar el sacrificio, extendió la mano y escuchó una voz de un ángel del cielo que le decía:

– Abraham ahora se que temes a Dios y que le obedeces, ya no debes sacrificarlo tu amor por Dios es más grande.

Por ello, Dios lo llenó de bendiciones y le dijo: multiplicaré su descendencia como las estrellas del cielo y en un descendiente tuyo serán benditas todas las naciones de la tierra.