Sea cual sea el motivo, en diferentes situaciones de nuestra vida nos hemos encontrado sin rumbo fijo, incluso hemos caído hasta lo más bajo. No tener un rumbo fijo es estar a la deriva, mirando como nuestra vida se nos escapa, y lo peor de todo es que no hacemos nada por hacer que nuestra vida cambie, dejamos todo y preferimos seguir en el abismo antes que salir a encontrar un propósito en nuestra vida.

Si se está en un mundo de adicciones, es estar sin rumbo fijo, sin sentido y dejando que la corriente lleve a la persona al lugar que sea, pero en este caso de drogas y demás cosas, que causan adicción, es ir camino a la nada, estar sin rumbo, estar sin nada porque luchar, en otras palabras es un viaje sin sentido el cual no dará ningún resultado.

Tener un rumbo es tener claro aquello que deseamos, a pesar de encontrar dificultades, obstáculos, se superan porque ya se tiene algo pensado, un propósito que vale la pena alcanzarlo. Vale la pena volver a soñar, vale la pena intentarlo una vez más para encontrar el rumbo de nuestra vida. 

Estar perdido y sin rumbo no es malo, lo complicado es que te acostumbres a estar en ese sin sentido de la vida y más si estás en un estado de drogas y demás adicciones, debes tener la capacidad de poder reflexionar, reaccionar y saber levantarte para poder tomar nuevamente las riendas de tu vida. Para ello, puedes pedirle ayuda a Dios, quien conoce y sabe que camino debes tomar, Él te ayudará a tomar el rumbo correcto para que salgas de aquel mundo que opaca tu vida, de esa manera encontraras el camino correcto, ojo, debes ser dueño de tu camino en compañía de Jesús.