Cada vez que recordamos el Viernes Santo, podemos decir que es el día más triste de la humanidad; es cuando vemos a aquél inocente en medio de dos ladrones, entregando su vida por aquellos que inclusive gritaban: ¡Crucifíquenlo! Quisiera hoy detenerme en tres puntos de este día Santo:

PRIMERO: Vemos que Jesús es puesto en una cruz; aquella cruz que era el signo por excelencia de mayor humillación y derrota. Ahora con sólo posarse Jesús en ella, se convierte en el más grande signo de amor. Amor implica entregarlo todo, hasta la vida por los demás; porque siendo claros, a Jesús no lo mataron, tampoco se suicidó; el entregó voluntariamente su vida por la humanidad, diríamos de manera precisa: Se Inmoló.

En ocasiones nos cuesta dar la vida inclusive por nuestra propia familia, ya que la sociedad nos invita a ser egoístas cada día para poder sobrevivir. No le encontramos sentido cuando queremos ser buenos y hacer el bien a los demás; y si no lo hacemos con nuestra propia sangre no creo que podamos hacerlo por quienes no son nuestra familia carnal.

Hoy piensa a que debes morir por dar esperanza a los demás, que debes matar en tu vida para que los demás sean felices. Eso no quiere decir que tú no seas feliz, ya que la felicidad verdadera es la que llega a todos desde una sola acción. No puedes ser feliz con lo que haces mientras esa acción daña a los demás o viceversa.

SEGUNDO: En este mismo Viernes Santo sobre la cruz encontramos el gran famoso título INRI: Jesús de Nazaret, el Rey de los Judíos. Normalmente este título se colocaba en una tablilla para que las personas supieran quien era el condenado y el porqué de su condena. Esta tablilla iba delante del condenado camino a la cruz y en ocasiones se le colgaba en el cuello. Pero lo que quiero resaltar es que si realmente tú eres consciente de ése título. Creo que la primera parte del título ya la conoces y hasta la compartes; lo más probable es que sepas al igual que todo el mundo que Jesús era de Nazaret, y que murió en una cruz. Pero quiero detenerme en la segunda parte del título: Rey de los Judíos (Rey del pueblo de Dios).

Tú eres parte del pueblo de Dios, y si estás leyendo esto es porque eres consciente de ello. Pero, ¿estás viendo a Jesús como tu Rey?, lo cual implica que gobierne tu vida y merezca todo tu respeto y honor.

TERCERO: Frente a la cruz encontramos también a María la madre de Dios.

Vemos en ella un ejemplo de seguimiento hasta el final. Creemos muchas veces que seguir a Dios es sólo pasarle bien o que los problemas desaparezcan, pero eso no es así. Ser discípulo significa llegar hasta el final e inclusive en las circunstancias más duras es que debemos permanecer firmes.

No imagino el dolor de María al ver a su propio hijo muriendo en una cruz; ver a aquél pequeño que tuvo entre sus brazos agonizando en aquel madero frente a la indiferencia y burla de muchos. No tuvo que haber sido fácil.

Probablemente en este momento puedas estar experimentando un dolor que atraviesa tu alma, pero esa desesperanza que sufras hoy, sólo hará que sepas valorar y disfrutar el triunfo de la resurrección.