Cada vez que celebramos el Sábado Santo, y en él la Vigilia Pascual, realizamos uno de los actos de fe más importantes de nuestra vida cristiana, declaramos con alegría y gozo que Jesús el Señor ha resucitado, que nos ha ganado la salvación en la cruz del Calvario, que ni siquiera la muerte ha tenido poder sobre Dios, que el Padre ha cumplido la promesa de levantarlo de entre los muertos, para que cómo lo hizo en vida terrenal nos siga enseñando cuál es el camino para alcanzar la verdadera felicidad.

Así como a los apóstoles, nos cuesta entender porque Jesús tuvo que padecer tanto sufrimiento, porque en él, se encarnizaron los poderes del mundo, el político, el social y el religioso sobre todo, que no quiso reconocer en él, la Presencia de Dios, que lo había enviado para que nos sacará de las tinieblas y de la ignorancia, ya que los seres humanos, todo lo que Dios nos ha dado lo hemos distorsionado, dejando de vivenciar su auténtica Voluntad.

Por eso es necesario que nos acerquemos a la Biblia para poder conocer lo que realmente Dios ha querido desde el principio, cuando nos creó, cuando con Abraham haciéndole la promesa de una tierra y de una descendencia numerosa, lo invitó a esta aventura de fe, luego con Moisés los libera, les da los mandamientos, que están basados en el amor y en el bien común, sin embargo todo fue tergiversado por ellos, especialmente por quienes tenían la responsabilidad delante de Dios, de conducir al pueblo a su conocimiento y a experimentar su Presencia Real, es necesario recorrer la historia del pueblo de Israel para darse cuenta que ellos mismos propiciaron sus desgracias, sin embargo, Dios siempre los acompañó, les envío sus Jueces, algunos de sus reyes, a sus profetas, y por último envía a su propio Hijo cómo en la parábola de los viñadores homicidas (Mt 21,33-46).

Jesús es la Palabra del Dios Padre que se encarna para mostrarnos el camino, para hablarnos de la verdad de Dios y para sustentar la vida que viene de él, cada predicación y enseñanza, cada anuncio del Reino de Dios, cada obra de poder o milagros, sanaciones y liberaciones, que él realizó era para los judíos creyentes, muestra de la presencia de Dios, por eso algunos lo reconocían como el Mesías enviado por Dios, pero para quienes como sus antepasados, en vez de guiar al pueblo por la justicia y la rectitud de Dios, lo que hicieron fue maquinar cómo quitarlo del medio, porque era una amenaza para ellos, porque revelando la auténtica y única Voluntad del Padre, les quitaba la atención de los pobres e ignorantes de la Palabra de Dios, ellos con sus interpretaciones alejaban a la gente de Dios, confundiendolos con sus explicaciones y enseñanzas.

Pero Jesús realizó la obra del Padre, independientemente de que lo ellos intentaron truncar, él reveló la misericordia que Dios tenía por cada uno de sus hijos, sanó a los enfermos, curó a los ciegos, los sordos, los paralíticos, liberó a los oprimidos por el mal y a los endemoniados; levantó del pecado a prostitutas y publicanos, tocó a los leprosos, resucitó a Lázaro, a la hija de Jairo, a la viuda de Naín, en fin, cumplió la misión que nos narra en Lucas 4,18-19, tomado del profeta Isaías, así cómo también podemos apreciar en este profeta todo lo que referente al Siervo Sufriente de Yahvé nos dice, esto es para cumplimiento de la Palabra de Dios.

Todo lo que sucedió valió la pena, porque el Padre Dios tiene el poder para resucitar a Jesús, por su obediencia a la misión y por encima de todo por el amor que el Señor Jesús tiene para cada uno de quienes creemos en él, por eso canta de alegría y gozo, pídele al Espíritu Santo que te de lo que necesitas para experimentar esa resurrección de Cristo, para que así mismo puedas levantarte de cada situación o realidad que te oprime, que no te deja ser feliz, sea cual fuere abre tu corazón y grita: !Cristo ha resucitado¡ !Aleluya¡.