Resucitar, del latín resuscitāre; de re y suscitāre, despertar). Desde la real academia es volver la vida a un muerto, restablecer, renovar, dar nuevo ser a algo, es en sí es Volver a la vida. Pero resucitar desde Cristo, lleva un sinnúmero de connotaciones, que van más allá de estas expresiones. Resucitar es:

1- Un resucitar, ante toda circunstancia adversa: Quienes aman y creen en Jesús, sabiendo que el tiene el poder de hacer lo imposible, está resucitando. Por muy descabellado que parezca este es el verdadero sentido de nuestra fe, creer que todo puede ser posible, así como cuando muere Lázaro y su hermana creyó, aunque estaba ya sepultado volvió a la vida: “Cuando Marta supo que había venido Jesús, le salió al encuentro, mientras María permanecía en casa. Dijo Marta a Jesús: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano. Pero aun ahora yo sé que cuanto pidas a Dios, Dios te lo concederá. Le dice Jesús: «Tu hermano resucitará. Le respondió Marta: «Ya sé que resucitará en la resurrección, el último día.» Jesús le respondió: «Yo soy la resurrección El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?» (Juan 11, 20-26).

He aquí un ejemplo, queridos hermanos, no solo resucitar es solo volver a la vida físicamente, sino aceptar con toda la voluntad, las promesas y palabras de Cristo que es el único que tiene el poder hacer lo imposible, quien vive y Reina por la eternidad, el es que tiene la última palabra sobre la enfermedad, el mal, y hasta la muerte.

2- Tener la vida: Podemos estar como muertos cuando estamos lejos de Dios, sin esperanza, sin alegría, sin paz, sin esperanzas, pero cuando hay un verdadero encuentro con Jesús todo vuelve a tener sentido, sabemos que nos ama, que estando en Él nadie que nos pueda juzgar o hacer daño, por que el es la vida, de nuestra vida: “En él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la vencieron”, (Juan 1, 4-5), Saber que en Cristo está la vida, es saber que no hay tiniebla que pueda hacernos daño. Cada vez que pensemos en esto resucitaremos a toda acción del mal y hasta de la misma muerte: “Porque, como el Padre resucita a los muertos y les da la vida, así también el Hijo da la vida a los que quiere” (Juan 5, 21).

2- Es dirigirnos como Cristo al cielo: Es saber que con Cristo tenemos la seguridad total y plena que estamos salvados, que después de la muerte física, viviremos con Él y estaremos en Él: “Le dice Jesús: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre sino por mí”(Juan 14, 6).

 

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