1. La paz: La primera palabra de Cristo Resucitado a sus discípulos fue: “La paz esté con vosotros”. La paz fue, por así decirlo; el primer regalo que trajo Jesús después de haber librado descomunal batalla contra el pecado y contra el dolor y después de haber visitado el reino de la muerte. La paz es el primer trofeo que el Señor entrega a su pueblo, el primer botín que reparte entre los suyos. La paz es el saludo del Señor Jesús que retorna a la vida.

2. La fe: Nuestra fe seria vana si Jesucristo no hubiese resucitado. Por eso se comprende la insistencia de los primeros pregoneros del evangelio en proclamar la resurrección del Señor y en soportar persecuciones y muerte por no desdecirse de su testimonio. En los relatos de la resurrección se alude con frecuencia a la fe: en ellos se lee que Jesús reprocha a los discípulos su incredulidad, les da pruebas de que esta vivo, les explica por qué fue necesario morir y les asegura que los seguirá acompañando en su apostolado hasta el fin.

3. El Espíritu santo: La gran dádiva que Jesús resucitado concede a su Iglesia es el Espíritu Santo. Ese fue el don que María y el discípulo amado recibieron de Jesús agonizante cuando al expirar, “entregó el Espíritu” En la Virgen María y en el discípulo estaban representado todos los creyentes. El cuerpo del Señor, golpeado, azotado y herido, se parecía a un frasco de perfume que, al quebrarse, permite que el aroma que guarda se esparza por doquiera. Por eso, según el cuarto evangelio, desde el momento en que Jesús fue glorificado, el perfume del Espíritu Santo invadió el universo.

4. El perdón de los pecados: Cristo murió en la cruz para obtenernos el perdón de todos los pecados. Como profesamos en el Credo: “Él se encarnó por nosotros y por nuestra salvación”, y para librarnos del pecado se entregó a la muerte y nos redimió. Por eso es normal que al aparecer ya resucitado, ante sus discípulos, les hable de lo que es su victoria, y aluda a la remisión de las culpas, ésas que clavó en el madero y que lavó con su sangre.

5. La iglesia: Se agrupan bajo la palabra “Iglesia” tres ideas que expresa Jesús resucitado: comunidad, carismas y jerarquía. La primera alude al grupo de discípulos que Jesús quiere reunir y a quienes colocará como cimientos de la construcción eclesial. La segunda alude a los dones del Espíritu Santo que enriquecen a la comunidad y centran su fe en Jesús. Y la tercera alude al pastoreo de las ovejas y corderos que el Señor confía a Pedro, una vez que éste confiesa por tres veces el amor que tiene por su maestro. 6. La eucaristía: Más que con palabras, con hechos nos habló Jesús de la Eucaristía. Antes de morir había celebrado la Pascua con los suyos, y durante ella había entregado el pan de su cuerpo y el vino de su sangre, partido aquél y derramada ésta como preanuncio de su oblación definitiva a Dios Padre, a favor de los hombre. Última cena, fracción del pan, acción de gracias, ágape fueron los nombres que desde los primeros siglos se dieron a la cena del Señor.

7. “Me ha sido dado todo poder ene l cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todas las gente, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”, “Id por todo el mundo y proclamad la Buena Nueva a toda la creación”. Esa misión, que Jesús confía, será refrendada por Dios Padre. Éste envió a su hijo y éste, al Espíritu Santo, fuerza que mueve a los discípulos y a la iglesia. Es el Espíritu santo quien posibilita que los seguidores del maestro se conviertan en testigos: para eso les calienta el corazón y les abre los ojos. Es el mismo Espíritu quien posibilita que se rinda testimonio con valor.

8. Ir al Padre: Toda la vida de Jesús estuvo caracterizada por su amor al Padre. Nadie como Él conocía a Dios Padre ni lo podía alabar de manera más bella ni lo podía revelar de modo más real pues, como lo dijo, nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quien el Hijo lo quiere manifestar. Jesús sabía que venía de Dios iba, Él ansiaba el momento en pasaría de este mundo hacia su Padre y anhelaba recibir la gloria que había tenido antes de que el mundo fuese.