Martes – Semana 16 del Tiempo Ordinario.

Se es familia de Jesús cuando se vive según la voluntad del Padre celestial

San Mateo 12, 46-50

“¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos?”.

“Todavía estaba hablando a la muchedumbre…” (12,46) cuando, de repente, llegaron los familiares de Jesús, “su madre y sus hermanos”, y se quedaron esperando fuera (12,16a).

Cuando Jesús se entera de la solicitud de su famita, responde: “Estos son mi madre y mis hermanos. Pues todo el que cumpla la voluntad de mi Padre celestial, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre” (12,49b-50).

Bien sabemos que en la manera de hablar de aquel tiempo, a los parientes cercanos también se les llamaba “hermanos” (ver Levítico 10,4), por esa razón no habría que buscar aquí motivos para poner en discusión si la Virgen María tuvo más hijos.

Lo cierto es que, según el texto, la mención de la palabra “hermanos” da la ocasión para que Jesús se pronuncie sobre cuál es su verdadera familia. Para ello Jesús hace una distinción entre la familia natural (entiéndase: biológica) y la familia espiritual que nace del discipulado, donde los aspectos que generan vínculos son más estrechos y fuertes que los de la familia natural.
Según el texto, Jesús no sale al encuentro de ellos sino que al señalar dentro de la casa en la que está, cuál es su verdadera familia, más bien los invita a entrar a formar parte de ella. El parentesco biológico con Jesús es insuficiente, puesto que para tener parte con Jesús hay que reconocer su verdadera identidad y no aprisionarlo en los conceptos o prejuicios que se tengan por él por la simple convivencia en la infancia. En otras palabras, se requiere el aprendizaje del evangelio.

La familia de Jesús es la comunidad de los “pequeños” que mediante la escucha de la Palabra y la conversión a ella, va creciendo llevada por la mano del Maestro y conducida hacia la plenitud de toda familia que la relación trinitaria (ver 28,19). La comunidad de Jesús personifica a todas las personas que optan de corazón por Él y eligen vivir según los criterios de su evangelio, encarnando las bienaventuranzas y todas las enseñanzas de Jesús, haciendo presente de esta forma su obra salvadora en sus vidas.

El núcleo del pasaje lo hallamos en la frase: “cumplir la voluntad de mi Padre Celestial” (12,50). Mateo menciona expresamente el término “Padre” y no simplemente “Dios”, ya que la captación de la voluntad de Dios está intrínsecamente relacionada con esta revelación de la paternidad divina de la cual Jesús hace derivar todo el evangelio. Es la comunión con este Padre la que permite hablar con certeza de una “verdadera familia”.

La vida de esta nueva familia encuentra su sentido en el misterio del Reino que se realiza en la historia, así como lo vamos a ver mañana en la las Parábolas de Jesús.

Cultivemos la semilla de la Palabra en lo profundo del corazón

1. ¿Para qué buscan los familiares (biológicos) a Jesús?

2. ¿Cómo se entiende la palabra “hermanos de Jesús” en este pasaje?

3. ¿De qué manera una persona se hace “familiar” de Jesús? ¿Cuál es el fundamento de esta propuesta?

“Cuando oramos, nunca debemos perdernos en tantas consideraciones, intentando saber lo que hemos de pedir y temiendo no conseguir orar como nos conviene. ¿Por qué no decir más bien con el salmista: ‘Una cosa pido al Señor y es lo que busco: habitar en la casa del Señor toda mi vida, contemplar la belleza del Señor examinando su templo’ (Salmo 26,4)?”

(San Agustín)