En el evangelio de Juan capítulo 6 versículos del 1 al 15, se encuentra el acontecimiento de la multiplicación de los panes. Es particular este relato, puesto que a diferencia de los relatos de Mateo, Marcos y Lucas se menciona a un chiquillo/muchacho, el cual es el dueño de los 5 panes y los 2 peces.

Es claro que esta pequeña contribución del muchacho no iba a ser suficiente para calmar la necesidad de todos los que se encontraban en el lugar.

Muchas veces creemos que lo que le entregamos a Dios, sea mucho o poco, es para obtener un beneficio particular; escucho a menudo que ofrecen prosperidad al momento de entregar tu ofrenda a Dios y que mientras más entregues más recibirás.

Hoy quisiera que recuerdes primero esto: “Si entregas tu ofrenda buscando un beneficio de Dios, eso no se llama ofrendar se llama conveniencia”. No imagino al muchacho del que nos cuenta el texto, negociando con los discípulos cuál iba a ser su ganancia. Sólo nos cuenta el texto que encontraron a un muchacho que llevaba los panes y peces y luego Jesús estaba dando gracias y repartiéndolos.

Al momento que entregas tu ofrenda lo haces por el reino de Dios, si donas dinero o cosas a algún espacio de la iglesia, hazlo pensando que eso servirá de alimento material o espiritual para los demás y que probablemente tú también te verás beneficiad@. «No creo que hayan comido todos menos el muchacho».

Algunos confunden la ofrenda como una inversión, y quizá otros me dirán: claro que es una inversión ya que se invierte para la morada eterna. Pero hoy te invito a que esa inversión sea desinteresada, ya que al momento de estar esperando las regalías, se pierde el objetivo de entregarle algo a Dios. Cada persona debe buscar ofrendar en agradecimiento a Dios por todo lo que Él nos ha dado.

También debemos ser claros que Dios no se queda con nada y nos ayuda con nuestras necesidades; pero que tu finalidad no sea entregar para recibir. Probablemente no seas tú el primer beneficiado. O quizá con eso que entregas a la iglesia, se multiplique el mensaje de Dios y llegué a aquella persona por la cual pides tanto.

Ofrenda sin interés, ya que igual recibirás algo de parte de Dios, y probablemente tu ofrenda un día se convierta en mensaje de salvación para los tuyos y ahí verás una mayor recompensa.