Estamos llenos de miedos y de dudas, sobre todo si hemos pasado por una situación no tan buena. Si hemos caído en alguna adicción, de seguro deseamos superar aquello y seguir adelante; se tienen las ganas, pero cada vez pareciese que nos hundimos más.

Tener miedo en que no se puede salir de aquel estado en el que podemos estar, no es malo, puesto que iniciar algo nuevo o enfrentarnos a un cambio lleva un proceso que puede ser un poco lento. El problema de tener miedo ante estas situaciones de adicción y dependencia es que éste – el miedo- se apodere de nosotros y nos quedemos dando vueltas, que nos quedemos estáticos, sin avanzar.

Debemos ser más grandes que aquel miedo que llega a desestabilizarnos, debemos buscar la manera y estrategias para ganar esta batalla. Hay una persona que nos puede acompañar en cada lucha. Hablo de Jesús quien está en todo momento, quién te anima a no desfallecer.

No tiremos la toalla, dejémonos invadir por Jesús, dejemos que Él nos llene de su fuerza y del poder del Espíritu Santo, de esta manera tendremos el control del miedo y sobre todo la voluntad y las ganas de salir adelante, de superar y ganar esta batalla ante aquello que nos opaca, tan solo confiemos en Jesús, en que Él nos puede rescatar del fondo del abismo.