En el cantar de los Cantares (2,1), leemos esta poética definición: “Yo soy la Rosa de Sarón y el Lirio de los valles”.

La mayoría de los comentadores de la Biblia, colocan la frase anterior en los labios del novio que, como sabemos, es una figura de Jesucristo, el eterno enamorado de su Iglesia.

De ahí que entre los signos de Jesús y entre sus nombres más poéticos, estén los que de “Rosa de Sarón” y “Lirio de los valles”. Por eso, en los gozos de la novena de Navidad aparecen estos versos: “Dulcísimo Niño, que ha sido llamado: Lirio de los valles, bella flor del campo”.

El poeta bíblico, al describir la alegría del encuentro entre el Mesías y su pueblo, nos habla de un jardín hermoso, pues el yermo se gozará y florecerá como la rosa (Is. 35,1), y se tornará como la fértil llanura del Sarón, zona costera de Palestina, famosa por sus prados, sus viñas y sus bosques, y por sus hermosos rebaños.

Discuten los expertos traductores de la Biblia acerca de los términos más precisos para expresar en español del nombre de las flores de Sarón. Piensan que en vez de “rosa” podría decir “narciso”, y que en lugar de “lirio” sería preferible tulipán. Eso poco importa, pues lo poético y lo espiritual es pensar que Jesús es bello como una flor, y fragante como un nardo que exhala su perfume para la gloria del Padre. Por lo demás esas mismas comparaciones de las flores, que se visten con mejores atavíos que los del Rey Salomón, pueden servir para aludir a la Iglesia, la novia amada del Señor, o a María, la flor que dio el más bello fruto: Jesús.

Escrito por:
Revista Fuego