Ha sido una preocupación constante por parte de la Iglesia, la explotación que se hace de las mujeres, de las niñas y de los niños, por parte de inescrupulosos, que los obligan a vender sus cuerpos, para obtener jugosas ganancias, y estas víctimas, aparte de ser utilizadas, continúan siendo explotadas, sin ninguna posibilidad de salir de ese juego perverso, al que son sometidas. Esta situación aumenta de una forma impresionante, y pareciera que la sociedad no le interesa hacer nada por cambiar esto. El Santo Padre, manifestó que estas situaciones, requieren más que una crítica a los sistemas sociales de los países y del mundo, se necesitan acciones que respondan al anhelo de Dios, que quiere ver a los seres humanos, y en especial a los niños y niñas, libres de todo flagelo que los oprime, que los explota inmisericordemente, una de las realidades más duras, es que muchas veces, son los parientes, aún los mismos padres, quienes permiten que esto acontezca. Muchos de estos niños son abandonados, o echados a la calle, y es ahí cuando aprovechan los criminales para utilizarlos y explotarlos en la búsqueda de su lucro.

A pesar que el mundo se jacta de sus adelantos en todo orden, en lo humano hemos dado pasos atrás, cuando se supone que no hay esclavitud, que fue abolida, se siguen presentando situaciones, donde niños, niñas y mujeres son víctimas de ultrajes, abusos, en especial en lo que a la explotación sexual se refiere. Los altos niveles de desarrollo de algunos países, disfrazan estos atropellos, que se cometen en contra de estos seres humanos, que son considerados débiles, y que realmente lo son en la medida en que nadie los representa, ni se preocupa de manera real y eficaz por solucionar este flagelo. Es increíble, que los intereses individuales, de muchos criminales, que se disfrazan, para conseguir sus objetivos delictivos, están en muchos momentos, inmersas en los mismos sistemas sociales de los países, ya sean desarrollados o no, lo cual origina que estos seres humanos, no puedan disfrutar de los derechos que los constituyen por ser persona tienen.

El Papa Francisco, enfatizó que ningún creyente debe ser insensible, frente a estas realidades, que afectan de manera especial a la mujer, ya que en muchas culturas y sistemas económicos se acentúan, estos atropellos contra su dignidad.

La Iglesia, como institución, que tiene en sus manos, la labor del anuncio del Evangelio, una buena noticia, que devuelve a todos la dignidad, que por algunas razones, ha sido mancillada, debe trabajar arduamente para generar procesos, que permitan la restauración de los derechos y la dignidad de todo ser humano, a través de sus distintas instituciones, asociaciones, apostolados, etc.

 

Es nuestra tarea como creyentes, mostrar a ejemplo de Jesús, el rostro misericordioso del Padre, a cada ser humano, en especial, cuando se le han vulnerado los derechos y se les explota de una manera tan infame. no se puede quedar impávidos, viendo cómo estas personas son utilizadas y explotadas para fines tan mezquinos.

No hay otra razón por la que Dios, haya enviado a su Hijo Jesús, sino para ser su rostro en medio de los hombres, pero así mismo, nosotros sus hijos, debemos ser portadores de la esperanza, sobre todo de la misericordia, que Él nos enseña por medio de Cristo, todos somos llamados a vivir como hijos muy amados del Padre.

Comunicó su Santidad, que se está preparando un proyecto que dé respuesta a esta situación, tan inhumana, que ha venido aumentando de una forma inusitada, y que se quiere sacar de la calle a los niños, niñas y mujeres, que son víctimas de este atropello, para lo cual brindó todo su apoyo, y motivó a llevar adelante esta pastoral.

Para finalizar, expresó que la indiferencia, no puede seguir siendo, el alimento para que estas tristes realidades, no sean combatidas, sino por el contrario, son la causa de tanta pobreza, de tanta violencia en la familia y en la sociedad, y que además justifiquen el negociar con personas, infringiendo en su dignidad. No se puede seguir diciendo que somos creyentes, cuando no somos capaces de manifestar nuestro rechazo y dejamos de lado, el ser de Jesús, ser portador de la liberación para la humanidad.

 

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