Quiero atreverme a afirmar que es así, que sin mamá no puedo vivir o que la vida no será igual, puesto que ella es el centro de toda familia; lo triste es que a veces no se lo hacemos sentir. En muchas ocasiones la exaltamos frente a nuestras amistades diciendo que nuestra madre es perfecta o que la amamos; ahora el lugar para decir aquello, son las redes sociales, un montón de fotos o selfies, mostrando que se es feliz, pero en mucha ocasiones la realidad es otra.

No quiero sonar como que estoy en contra de compartir una foto con amigos en redes. A lo que voy es que en muchos momentos no le damos el valor que ella se merece realmente. Siempre acudimos a ella, cuando estamos mal, o necesitamos algo, y desde su profundo amor y por desvivirse por nosotros, lo hace, a pesar de pagarle mal.

Siempre he visto en mi familia que el centro y los pilares de casa son mis madres – una es mi abuela pero le digo mamá- sin quitarle peso a mi padre – abuelo, también le digo papá- pero aquellas son las que están pendiente de muchas cosas, y que desde mi parte yo no lo hago, aquellas las que se preocupan por todo lo que nos pase, son ellas las que sufren por nosotros. Por ello, me atrevo a decir que sin mamá es difícil vivir.

Esta vez no quise presumir con fotos o comentarios en el día de ellas, quise disfrutarlas consintiéndolas un poco, en tratar de preparar el almuerzo con mi hermano, pero se metió a ayudarme con ciertas cosas, sin embargo pude compartir con mis dos madres, hermano, abuelo y hablar de aquellas anécdotas que nos sacan una sonrisa.

En medio de todo eso me doy cuenta que sin ellas no puedo vivir, no porque sea un apego sino porque son parte fundamental de mi vida, son aquellas que al equivocarse o cometer acciones no tan buenas, son las primeras en ver que hay una posibilidad de salir adelante y si estas en el piso son las que te dan la mano para que te levantes y sigas.

Por esta razón y por muchas más, son ellas, nuestras madres, las que le dan sentido y color a nuestra vida, no a manera de apego sino a manera de amor, cariño y ternura, incluidas muchas alcahueterías que sólo ellas pueden darnos. Disfrutemos a mamá, no piden, no son exigentes, apuesto que con un café le sacas una sonrisa y una buena charla.