El acontecimiento de Pentecostés les concedió a los Apóstoles, experimentar el Bautismo en el Espíritu Santo, que significó recibir en sus vidas la persona misma del Espíritu, de la misma manera que los dones y gracias que se desprendieron de ese encuentro transformador, este suceso se repite en la actualidad, cuando los creyentes buscan actualizar la experiencia de Pentecostés, esas gracias y dones que recibieron los Apóstoles se manifiestan en quienes lo permiten.

Las gracias recibidas son:

  1. El don del mismo Espíritu Santo, la Promesa del Padre. En el Antiguo Testamento quienes poseían el Espíritu eran los ungidos y llamados por el Señor, aquí Dios Padre entrega su Espíritu a todo creyente, en primera instancia a los apóstoles y en de ahí en adelante a todos los creyentes.
  2. Un encuentro vivo y palpitante con Cristo glorificado. Descubrir y aceptar que Jesús estaba resucitado, les abrió la capacidad de verlo con los ojos que da la fe, fortalecidos por la acción del Espíritu, dejando que la Gloria de Dios se manifieste en sus vidas, iluminando el camino de sus existencias y transformándolos en hombres valientes y audaces en el anuncio del Evangelio.
  3. Una profunda transformación interior en los Apóstoles. El cambio fue integral, el abrir sus vidas a la acción del Espíritu, les ayudó a fortalecer sus convicciones y creencias, a entregarse de una manera total, para edificar el Reino de Dios en medio de los hombres, sus emociones, sentimientos y pensamientos también fueron renovados para esto.
  4. Una efusión de numerosos carismas para construir la Iglesia. El Espíritu Santo dota a los apóstoles de los dones, que les permitirán ponerse al servicio de sus hermanos, cada uno recibe de acuerdo a las mociones de ese mismo Espíritu, son variados y todos responden a las necesidades que tiene la comunidad y la Iglesia en general.
  5. Una nueva lectura y compresión profunda de las Escrituras. Lo que hasta ahora no habían comprendido de lo que Jesús les había enseñado en relación al Antiguo Testamento, se les permite comprender con claridad, así mismo poder elaborar lo que será el Nuevo Testamento para todos los cristianos, teniendo la capacidad de enseñar y explicar el misterio de Dios en la historia de la Salvación.
  6. El descubrimiento de los sacramentos de la Iniciación cristiana. El bautismo, la confirmación y la Eucaristía van a tomar importancia fundamental para la vida de los apóstoles y de los cristianos en general, el bautismo por ser el sacramento que incorpora a la vida cristiana, haciéndonos hijos de Dios; la Eucaristía que nos congrega alrededor de Jesús con los hermanos en la fe, para dar gracias por su entrega en cuerpo y sangre, y la confirmación que renueva el don del Espíritu para ser testigo de Cristo en la Iglesia y en la sociedad.
  7. El nacimiento de la Iglesia en torno a María, la Madre de Jesús. La Virgen María acompañó a los apóstoles, en el discípulo amado, Jesús nos la entregó a todos los creyentes, por eso ella está en los momentos importantes de la vida de Jesús, y de la misma forma en el acontecimiento de Pentecostés donde el Espíritu funda la Iglesia, como comunidad de hijos de Dios y de María.
  8. El anhelo evangelizador para dar a conocer a Jesús a todo el mundo. El deseo de que todos conozcan el mensaje de Jesús, su Evangelio, es provocado por el Espíritu en todos los creyentes, comenzando por los apóstoles, quienes por mandato de Cristo lo realizan, dando testimonio de lo que han vivido y experimentado a su lado.

Todas estas gracias se vuelven actuales en cada creyente, cuando se le abre el corazón al Espíritu Santo para vivir ese Bautismo de Fuego que se experimenta en la Renovación Carismática Católica.