De seguro a muchos nos ha pasado que nos vamos de aquellos lugares en los que somos amados, cuidados, consentidos. Lo curioso y la pregunta que nos debemos hacer es ¿por qué salimos de estos buenos lugares? por qué abandonamos aquello que nos hace bien, me refiero al afecto y sentimientos que nos brindan.

Si recordamos al hijo pródigo, es un referente de aquel que sale de la casa del Padre, quien pide todo y abandona su casa. Podemos relacionarnos con este hijo que sale de casa. En este punto quiero aclarar que no está mal salir de casa para realizar sus planes y cosas, el punto es que muchas veces olvidamos el amor, lo esencial, abandonamos los abrazos y el cuidado de los demás, no centramos la mirada en lo material, sino en los sentimientos y la parte espiritual.

Muchas veces abandonamos a Jesús, salimos de casa abandonando la relación que podemos tener con Él, abandonamos su propuesta de amor y felicidad, y esto ocurre cuando estamos en un lugar pleno, o cuando otras cosas ocupan nuestro tiempo y espacio. Por supuesto Él desea que alcances tus logros y metas, y te bendice en todo ello, pero también está a la espera para que regreses a casa.

Pensemos en nuestra parte espiritual, en nuestro encuentro con Jesús de Nazaret, hace cuanto salimos de nuestros espacios de oración, de aquellos momentos en los que compartimos con Él, es bueno repensar nuestra vida, nuestras cosas, nuestra conexión con aquel que lo da todo por nosotros.

Te invitamos a regresar al camino de Jesús, te invitamos a que te encuentres con Jesús cara a cara, que puedas seguir compartiendo con Él, toda tu vida, cuéntale tus proyectos, aquello que deseas, y tú, escúchale aquellas cosas que desea contarte, regresa a Jesús…