La Iglesia Católica es celebrativa por excelencia, desde sus comienzos como descendientes de los judíos, los primeros cristianos celebraban muchas fiestas, la mayoría de origen judío, pero resignificadas por Jesús como la Pascua y Pentecostés, además de la Fiesta de las Tiendas o Chozas, el Yom Kipur o la Fiesta del Perdón, entre otras.

Para todos los creyentes celebrar la fe, es una bendición que va acompañando y transformando la vida, como sucede con los sacramentos, pero si no conocemos lo que estamos celebrando, seguramente caminaremos ignorando las gracias y riqueza espiritual, que Dios nos ha dado a través de los signos y símbolos que en ellos se encuentran.

Los sacramentos, por ejemplo nos permiten celebrar y vivir la experiencia de los momentos de la vida de Jesús en relación a nuestra propia vida. El bautismo, nacimiento a la vida cristiana, va ligado al nacimiento de la persona humana (Bautismo de Jesús); la Eucaristía (Última Cena), es un encuentro en torno a Jesús, que nos entrega su Cuerpo y su Sangre, y para compartir con los hermanos la fe en El, celebramos en comunidad; la Confirmación, va asociada a la toma de decisiones y al compromiso, reafirmamos nuestra fe en Jesús, por medio del Espíritu Santo, y nos convertimos en testigos de Cristo en la sociedad, sirviendo desde nuestro estado de vida, profesión, etc.; la Reconciliación, nos permite revisar nuestra vida, nuestras equivocaciones y fallos, es el sacerdote el testigo de nuestro real arrepentimiento, y compromiso de enmienda de los errores cometidos, como ministro de Cristo; en la Unción de los enfermos, frente a la enfermedad y el sufrimiento, se da la oportunidad de recibir la fortaleza y consuelo, que en estas circunstancias se necesitan de parte de Dios; en los sacramentos del Orden Sacerdotal y el Matrimonio, son dos opciones de vida para servirle, el primero a la sociedad en la Iglesia, y en el segundo, con la conformación de una familia.

También es importante saber que existe un Año Litúrgico, donde se desarrollan unos tiempos especiales, donde tenemos todas las celebraciones, los signos y los símbolos, que nos ayudan a conocer lo que estamos celebrando, en cualquiera de ellos, estos tiempos son: Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Ordinario, en cada uno de ellos, hay variedad de celebraciones, que conociendo su sentido auténtico, nos ayudan a vivir con fuerza e intensidad la fe.

Por eso es importante no darle trascendencia a celebraciones que no pertenecen a nuestra experiencia de fe y que nos distorsionan de la vivencia cristiana, como es el caso del 31 de octubre, que muchos cristianos celebran Halloween, algunos sin conocer a fondo, todo lo que aquí sucede. No es intención hablar sobre ello aquí, más bien miremos a quien se celebra la Iglesia en ese día, para que este santo ilumine nuestra experiencia de fe con su testimonio.

El 31 de octubre, la Iglesia celebra la memoria de San Quintín, mártir romano, hijo de un senador romano llamado Zeno, que fue martirizado en Galia, donde hacía misión con San Luciano de Beauvais. Quintín se estableció en Amiens y realizó allí muchos milagros, por su actividad de predicador, fue detenido, posteriormente torturado, finalmente conducido a Augusta Veromanduorum (actualmente San Quintín), allí permaneció en un calabozo, donde fue decapitado y arrojado al río Somme, sus restos fueron recuperados por los cristianos del lugar y llevados a Laon. Se le considera el patrono de los cerrajeros.

Desconocer lo que celebramos, nos lleva en muchas ocasiones, a alejarnos de la fe que profesamos, a entrar en monotonía en la participación de estos misterios, pero sobre todo a alejarnos de la esencia de nuestra experiencia de fe, es importante dedicarle tiempo al conocimiento de nuestras celebraciones, hallándoles todo el sentido a cada una de ellas y poder formar así en la fe, a quienes nos preceden y necesitan ser educados en una auténtica vivencia de la fe que profesamos.