Una chica de 20 años le preguntan: ¿tu novio te dice que te ama?, ella baja la cabeza por unos segundos y parece pensar un poco su respuesta, entonces toma aire y responde: él no me dice que me ama, él me lo demuestra.

¿Amar?, al tratar de explicar ¿qué es?, comúnmente se utilizan muchas imágenes, como por ejemplo, un corazón de color rojo o una pareja de novios abrazados entre otras. Sin embargo, ésta es sólo un pálido reflejo de lo qué es el amor. Veamos cómo la Palabra de Dios, nos ilumina sobre esta gran inquietud humana, por supuesto desde la experiencia del amor de Dios.

Ahora bien, ¿Cómo se entiende?, ¿tendrá algunas características el amor de Dios?, ¿el amor de Dios es igual al amor que se da entre los seres humanos? Quizás al dar respuestas a estas inquietudes, es posible podamos clarificar sí lo que llamamos amor realmente lo es.

Leamos el evangelio de Jn 10, 14-15 “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí, como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas.” Dos detalles se pueden extraer de este texto para caracterizar el amor:

1. El Conocer: cuando el hebreo piensa en esta palabra se remite inmediatamente a dos tipos de intimidades; sexual o de corazón. Cuando Jesús dice que nos conoce, quiere indicar que él ha tenido intimidad con nosotros, sabe quiénes somos, sabe qué sentimientos hay en el corazón, sabe también cuáles son nuestras mayores preocupaciones. Esta intimidad se da en dos direcciones: de Dios hacia el ser humano y de éste hacia Dios.

Desde esta primera característica que nos aporta la Palabra: conocer, es preciso aplicarla en el contexto cotidiano, resultando así la siguiente afirmación: el amor necesita de conocimiento, pues no se puede amar lo que no se conoce, “mis ovejas me conocen y yo las conozco” esto muestra la necesidad de un proceso de intimidad. ¿Se conocen?, ¿han tenido intimidad de corazón? ¿Conoces las dudas, inquietudes, alegrías, tristezas, gustos del otro?

Esta es la enseñanza inicial que brota de la Palabra de Dios para todos aquellos que quieren descubrir el amor: sí conoces al otro es posible lo ames. Mientras que la mentalidad posmoderna, nos estimula de todas las formas posibles, a separar el amor del conocer, puesto que sus valores son el amor líquido, superfluo, sin compromiso, donde el tomarse un tiempo para indagar por lo particular de ese ser humano que me atrae es pérdida de tiempo.

Es necesario conocer al otro, pues es posible que se estén creando expectativas no reales frente a lo que él otro es. En otras palabras, es posible el “amor” esté girando en torno a lo accidental, más no lo real.

Veamos ahora la segunda característica del amor desde Juan.

2. El amor implica una acción concreta: Jn 10,14-15 “Lo mismo que el Padre me conoce a mí, yo los conozco a ustedes y doy mi vida por las ovejas”. La segunda forma como se conoce que Dios nos ama, es mediante una acción concreta, es decir, que se puede, ver y palpar. Puesto que Jesús no sólo dice que nos conoce, sino que además ha dado su vida por nosotros, Jesús murió en la cruz y resucito. Las anteriores son acciones precisas, no discursos.

Si dices amar o que alguien te ama, hay una manera de saber sí realmente es amor: das un signo claro, evidente, palpable que amas. Ahora él o ella hacen algo por ti, es decir, ¿procuran pasar del discurso a los hechos concretos? A nivel espiritual hay maneras de crecer en intimidad con Dios, en otras palabras de conocerlo

– La oración 1 Sm 1,15 dilatar el corazón delante de Dios, de esta manera nos abrimos a la presencia de Dios.

– La Eucaristía, máxima expresión del amor de Dios, allí se entrega sin esperar nada a cambio, sólo por puro amor.

– La lectura de Palabra Jr 15,16, es una de las formas de comprender que Dios me ama y se entrega por mí.

En conclusión hablar de amor implica:

– Conocer al que se dice amar

– Una acción concreta, se trata no de un discurso, sino de una obra en favor del otro.

Autor: Jader Avila Barraza