Cuando des una comida o una cena, no llames a tus amigos o a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a tus vecinos ricos; no sea que ellos te inviten a su vez y tengas ya tu recompensa. Cuando des un banquete, llama  a los pobres, a los lisiados, a los cojos, a los ciegos, y serás dichoso, porque no te pueden correspondes, pues se te recompensara en el reino de los justos, Lc 14: 12-14. 

¿Qué sucedería si un buen número de discípulos de Jesús decidieran hoy tomarse en serio este consejo verdaderamente radical? Sin duda causaría tal alboroto que el mundo necesitaría volver a preguntarse ¿Quién es este Jesús? ¿Y qué pretende?. Estas preguntas podría poner en movimiento toda una cadena de ocasiones para una evangelización espontanea. Los pobres, los ricos, los incultos, y los educados, la juventud, los maduros hombres de negocios.  

Todos podrían estar abiertos de una manera nueva  a la acción del Espíritu Santo. Esto sería una tremenda contrariedad para el maligno, que ahora goza de una influencia tan desenfrenada en nuestra sociedad materialista. 

Pero ¿Qué cristiano se atreve hacer una cosa así? O, ¿Cuántos se atreverían a leerlo más de una vez, (quizás por ejemplo, probablemente en navidad)? Más aún, dónde están los discípulos que harían que tales acciones formasen parte de su estilo de vida normal? Los cristianos tienen que vivir como personas que pertenecen a la era futura y no a la presente. Aun estando ellos en el reino de Dios, tienen que trabajar para llevar ese reino en toda su plenitud a todas las demás personas de la tierra. 

Esta responsabilidad de dar testimonio a través de un estilo de vida radicalmente nuevo es cada vez mayor para “cristianos” renovados, pues Dios pide más aquellos a quienes más ha dado. Mirad lo que Pablo pide a sus amados y carismáticos de Corintios: “Conocéis bien la generosidad de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriqueciérais con su pobreza. Un consejo les doy sobre particular….No que paséis apuros para que otros tengan abundancia, sino con igualdad. Al presente, vuestra abundancia remedia su necesidad, para que la abundancia  de ellos  remedie vuestra necesidad y reine la igualdad, como dice la escritura: “El que mucho recogió, no tuvo de más; y el que poco, no tuvo de menos”..Y poderoso es Dios para colmarnos de toda gracia en fin de que, teniendo siempre y en todo, todo lo necesario, tengáis un sobrante para toda obre buena…Aquel que provee de simiente al sembrador y de pan para su alimento, proveerá y multiplicará vuestra sementera y aumentará los frutos de vuestra justicia. Sois ricos en todo para toda largueza, la cual provocará por todo nuestro medio acciones de gracias de Dios¨ (2 Cor.8: 9-15; 9-8-14). 

Pablo no se muerde la lengua ! Pide que¨ halla igualdad entre el pueblo de Dios, y que esta igualdad se extienda también a la esfera material. Ningún cristiano tiene que tener de más mientras que otros tienen menos de los necesario ¡Impide todos los argumentos opuestos citando el ejemplo de Jesús alegando que la única consideración para un cristiano compasivo es la necesidad real imperante en la vida de un hermano cristiano.

En tal situación, estáis obligados a dar “de lo que efectivamente tenéis”. Más adelante explica que, si laguna tiene abundancia de bienes, la primera verdad es le han sido dado por Dios, y la segunda verdad es con la intención  de Dios al hacerlo fue permitir al poseedor “tener sobrante para toda obra buena”, y no que llegase a ser rico solamente. Los bienes le fueron dados como una ocasión “para largueza” en el abastecer las necesidades presentes de otros queridos de otros queridos hermanos y hermanas en Cristo, y no solo para prepararse para los tiempos difíciles que le podrían llegar a uno. 

¿Podríamos aceptar nosotros hoy  una tal enseñanza si fuese cada uno de nuestros grupos de oración? Ciertamente bastante son las necesidades y las crisis entre los países subdesarrollados hoy en día, dos tercios de la población mundial. 

Probablemente incluso en nuestra propia ciudad, dondequiera que podamos estar, viviendo en el mundo, hay ejemplo de pobreza extrema fáciles de encontrar. Nosotros la renovación carismática, hemos descubierto dentro de nuestros corazones una gran compasión que nos mueva a comprometernos con esta terrible necesidad de la humanidad que sufre? 

La constitución conciliar ¨La Iglesia en el mundo moderno¨ comienza con estas magnificas palabras: “Los gozos y la esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo: sobre todo los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanza, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón”. Se verifica esto en nuestra vida de todos los días? Atención que no es solamente una llamada a hacer solo algunas ocasionales obras de misericordia corporales. Estas son excelentes, y forman parte de la vida cristiana. Pero el nuevo testamento (ejemplificado por Lc, 14: 12 y 2 Cor 8: 14) exige una actitud radicalmente nueva con respecto al dinero, a los valores de este mundo y al concepto mismo del hombre.

La persona humana es un misterio que solo en Jesucristo llega hacerse claro, en su divina filiación  y en su solidaridad con toda la humanidad. De Jesús deriva la gran dignidad de cada ser humano, sin distinción de su raza, cultura o posición social. Y de Jesús, como prueba de una verdadera conversión al modo bíblico de ver el hombre, viene esta urgente preocupación por los pobres y por los que están angustiados de otra manera. 

Una tal visión no se puede adquirir de la noche a la mañana, o a través de un breve seminario de Vida en el Espíritu. Requiere oración constante y estudio continuo. Y aquí la Iglesia puede ofrecernos una gran ayuda a través de la riqueza de su oración y de sus amplias fuentes doctrinales. Debemos abrirnos a la gran riqueza de doctrina de la Iglesia, gran parte de la cual es todavía nueva para muchos, de modo que, estando verdaderamente en el corazón de la Iglesia, podamos llegar a ser más capaces de desarrollar su vital visión.

El mismo Papa Juan Pablo II nos pidió: “Tenéis que preocuparos  de proporcionar  un sustancioso alimento para la nutrición espiritual…Dios desea que todos erezcan en el entendimiento del misterio de la salvación, que nos revela cada vez más la intrínseca dignidad propia del hombre. Y desea que vosotros que sois lideres en esta Renovación estéis cada vez más profundamente formados en la enseñanza de la Iglesia, cuya tarea ha sido durante 2.000 años meditar sobre la palabra de Dios, sondear las riquezas y hacerlas conocer al mundo”. 

Una tal  área de enseñanza  tiene que ver con la dimensión de la vida cristiana. Según Mons, Talavera en México, dijo   que esto debe ocupar “una parte importante en la evangelización que es recibida por los miembros de la renovación. Evangelizar es predicar a Jesucristo, anunciar la salvación que Jesucristo  trae, con una conciencia clara de la realidad del pecado del que El nos libera. Pero el pecado no tiene solamente unos aspectos individuales; tiene también dimensiones sociales. Una evangelización parcial e imperfecta es capaz de transformar la totalidad de nuestras vidas y de guiarnos a la  plenitud de la salvación.

La verdadera debe proclamar la palabra de Dios intima, cuestionando incluso nuestra vida económica, cultural, social, y política, ya que va dirigida a hombres y a mujeres que por su propia naturaleza tienen que vivir dentro de estas realidades…Este es un campo extremadamente amplio y abierto que la renovación no ha tocado de un modo suficientemente fuerte. Yo es pero que a través de la Renovación Carismática todos nosotros podamos adquirir una conciencia social cristiana, formada por el evangelio de Jesús,  y que nos dé un verdadero discernimiento de la voluntad de Dios en el cual quieran que sean nuestras circunstancias aquí en el mundo”, con respecto a esto, por lo tanto, muchas de la encíclicas geniales de los Papas, así como los documentos claves del concilio Vaticano II, junto con testimonios de acciones concretas de pastoral social necesitan ser estudiados de un modo regular y amplios en nuestros encuentros de oración. Seminarios y conferencias. 

Necesitamos también estimular a nuestra gente a pedir el don de la compasión. Es este un don muy especial de Espíritu, pues es amabilidad, bondad, dulzura, misericordia y amor a todos en uno, es una incansable capacidad de identificarse espontáneamente con el desamparado, de experimentar en el propio corazón una solidaridad con todos los que están sufriendo o están desvalidos. Dios desea esto con una característica de sus hijos. El desea darnos una clase de nuevo corazón. Y nosotros debemos dar prioridad al solicitar este don y esta gracia del Señor. 

Finalmente, tanto de modo individual como colectivo, debemos buscar y aprovechar cualquier oportunidad para expresar nuestra responsabilidad con los necesitados del mundo, para compartir con ellos nuestro dinero, alimentos y vestidos de un modo “renovado” y de echo marchar al ritmo al resto de la humanidad con nuestro estilo de vida cristiano totalmente nuevo, que hace realidad la petición de San Pablo de “igualdad” entre los cristianos. La Renovación Carismática ha sido descrita significativamente como una oportunidad para la Iglesia y para el mundo. Nosotros debemos ser sus administradores responsables y preocuparnos por desarrollar todo su potencial. 

Guiados por el Espíritu,  hagamos esfuerzos grandes, incluso heroicos, para asegurar un entendimiento maduro y completo de la palabra de Dios, y para ser agentes de la palabra, incluso cuanto esto es particularmente difícil.